CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2019 | Oriente Medio: agresiones deliberadas a los periodistas

18.04.2019 05:51

 

El asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, en octubre de 2018, mostró crudamente los riesgos que corren los periodistas de esta región cuando no siguen el dictado de callar o de apegarse a la propaganda del Estado. La represión de los regímenes autoritarios, los conflictos armados, o el número de periodistas asesinados, amenazados, silenciados y exiliados, hacen que la mayoría de los países de Oriente Medio vuelva a figurar en los peores puestos de Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa.

 

El asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, ocurrido el 2 octubre de 2018 en el consulado de Arabia Saudí en Estambul (Turquía) provocó una gran conmoción. Por eso no sorprende que Arabia Saudita descienda en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF): ahora ocupa el puesto 172 (-3) y forma parte de los diez peores países del mundo en materia de libertad de prensa. A pesar de que este crimen fue firmemente condenado a escala internacional, la opacidad con que se desarrolló el proceso de los presuntos asesinos del periodista hace temer que los altos funcionarios saudíes que pudieron estar implicados en el crimen gocen de impunidad. Por esta razón, RSF sigue pidiendo que se desarrolle una investigación internacional independiente y que se ponga en libertad a los cerca de treinta periodistas saudíes que están encarcelados.

 

A finales de 2018 fueron asesinados en Siria (174o) dos periodistas, Raed Fares y Hamoud Jneed. También en este caso la impunidad es la norma. A pesar de que la sociedad civil considera que el grupo extremista Hay’at Tahrir al Sham es responsable del crimen, no se ha hecho justicia. Aunque el número de periodistas asesinados en Siria descendió ligeramente en 2018, este país sigue siendo muy peligroso para los reporteros. Estos se enfrentan a múltiples amenazas: las tropas leales a Bachar al Assad, los numerosos grupos armados o, simplemente, las prisiones del régimen. El año pasado el gobierno reconoció oficialmente que en los últimos años han muerto algunos de los periodistas detenidos. También en Yemen (168º,-1) la prisión puede ser letal. El periodista Anwar al Rakan falleció dos días después de que los rebeldes hutíes lo pusieran el libertad. Durante el año que estuvo detenido sufrió maltrato y estaba enfermo.

 

2018 también fue un año mortífero para los periodistas en Palestina (137º, -3). Aunque Yaser Murtaja y Ahmed Abu Hussein estaban claramente identificados con un chaleco y un casco con la palabra “Prensa”, el ejército israelí los asesinó a los dos cuando cubrían la Gran Marcha del Retorno cerca de la frontera de Gaza con Israel (88º, -1). Estos graves incidentes llevaron a RSF a pedir a la Corte Penal Internacional que abra una investigación.

 

Cárceles llenas de periodistas

 

El encarcelamiento es un peligro que se cierne constantemente sobre los periodistas de la región. Irán (170º, -6) sigue siendo una de las mayores prisiones de periodistas del mundo. En 2018 aumentó el número de periodistas detenidos, profesionales y ciudadanos, pues se persigue sobre todo a los que publican información en las redes sociales. Esto contribuye a que Irán descienda aún un poco más en la Clasificación: pierde seis posiciones en 2019. El comienzo del año estuvo marcado por las revelaciones de RSF sobre las mentiras del Estado iraní. Reporteros Sin Fronteras pudo tener acceso a un registro oficial de las autoridades judiciales de Irán que le permite afirmar que, entre 1979 y 2009, al menos 860 reporteros y periodistas ciudadanos fueron detenidos, arrestados e incluso ejecutados por el régimen iraní.

 

Decenas de periodistas languidecen también en las cárceles de Bahréin (167º, -1), Egipto (163º, -2) y Arabia Saudí (172º, -3), a veces sin siquiera haber sido juzgados. Otros comparecen ante tribunales militares, como el periodista e investigador egipcio especializado en grupos yihadistas y del Sinaí, Ismaïl Alexandrani, condenado a diez años de cárcel por una corte marcial sin haber podido asistir a su propio proceso el día en que se pronunció el veredicto. El sistema judicial saudí es aún más opaco. En esta monarquía del Golfo hay al menos 30 periodistas entre rejas. La mayoría ha sido víctima de las oleadas de detenciones de finales de 2017 y durante la primavera y el verano de  2018. Tres periodistas fueron víctimas de desaparición forzada. En prisión han padecido maltratos, tortura e incluso acoso sexual. Es el caso de Eman al Nafjan, fundadora del blog Saudiwoman, quien salió en libertad condicional tras haber pasado un año en prisión. Durante los diez primeros meses no supo qué cargos se habían presentado contra ella.

 

En Israel también reina cierta opacidad. Los periodistas palestinos pueden permanecer detenidos durante meses aunque no se hayan presentado cargos en su contra o no exista una orden de arresto. Desde el 24 de julio de 2018 está detenida la periodista y columnista Lama Khater.

 

Sin llegar hasta el encarcelamiento, los Estados de la región no dudan en valerse del sistema judicial o de las presiones para obstaculizar el trabajo periodístico. En Israel, Palestina e Irak (156º) los dirigentes políticos y los empresarios pueden emprender procesos judiciales, ordenar que se detenga a periodistas o presionar a la dirección del medio de comunicación en el que trabajan para hacer que se autocensuren.

 

Los regímenes autoritarios se fortalecen

 

Los malos resultados de los países de la zona de Oriente Medio en la Clasificación 2019 recuerdan que las esperanzas de democratización que nacieron en las primaveras árabes se desdibujan un poco más cada año. En nombre de la lucha contra el terrorismo y las noticias falsas (fake news) difundidas por internet, Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (133o) y Siria continúan reprimiendo sin complejos a los periodistas. Los regímenes autoritarios de la región eluden abordar los problemas debatidos a escala internacional y consideran “terrorismo” cualquier cuestionamiento al sistema establecido o juzgan como “falso” –y por ello peligroso– cualquier reportaje crítico del país. El bloguero emiratí Ahmed Mansoor fue sentenciado a diez años de prisión por “publicar información falsa en las redes sociales” y “dañar el estatus y el prestigio de Emiratos Árabes Unidos y sus símbolos”.

 

Por ello, no es de extrañar que las redes sociales estén en el punto de mira de varios países de la zona. El régimen de Irán, enfrentado a una ola de protestas sin precedentes en varias ciudades del país, restringió aún un poco más la información en internet: bloqueó Facebook y Twitter, así como varias aplicaciones, entre ellas Telegram.

 

En Irak se interrumpió la conexión a internet para obstaculizar la cobertura de las manifestaciones de julio de 2018. En Egipto, así como en los países el Golfo Pérsico, abunda el bloqueo de diarios digitales. Esto también ocurre en Jordania (130º) y Palestina, en menor medida. Estos gobiernos se valen de las leyes contra los delitos informáticos para legitimar la vigilancia en internet, que se ha incrementado en países como Líbano (101º). La persecución de periodistas críticos empleando las nuevas tecnologías ha adquirido proporciones nunca antes vistas. Recientemente, testimonios de disidentes y de periodistas saudíes exiliados, así como filtraciones sobre el espionaje a periodistas efectuado por gobiernos de países del Golfo Pérsico, como Emiratos Árabes Unidos, han permitido tomar consciencia de la manera en que ciertos regímenes pueden recurrir a sofisticados sistemas de vigilancia para espiar a periodistas, incluso más allá de sus fronteras.