BURUNDI | Los periodistas siguen amenazados un año después del intento de golpe

13.05.2016 20:21

 

Un año después de que las radios privadas de Bujumbura fueran atacadas y cerradas durante el intento de golpe de Estado, el 14 de mayo de 2015, el gobierno de Burundi sigue manteniendo un estricto control sobre las noticias y la información en medio de una continua crisis política.

 

Tras haber sido gravemente dañadas durante el intento de golpe de estado, cinco emisoras de radio fueron puestas bajo sello judicial para que las autoridades pudieran llevar a cabo una investigación. Se trata de Radio Publique Africaine (RPA), a la que se le impidió transmitir desde el 27 de abril de 2015, Isanganiro , Bonesha FM , Renaissance y Rema FM. Oficialmente, el propósito de esta investigación era identificar a los responsables de los ataques a las emisoras, así como el presunto papel de las radios en el intento de golpe. Sin embargo, las autoridades no han publicado aún las conclusiones de ninguna investigación, y la mayoría de estas estaciones de radio están todavía cerradas.

 

"El gobierno debe tomar una posición clara a propósito de las emisoras de radio que siguen cerradas, así como de los directores de emisoras y reporteros sobre los que aún  pesan cargos", ha dicho el secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire. "Las conclusiones de la investigación sobre las emisoras de radio deben ser publicados para que puedan volver a abrir con total legalidad y seguridad. El gobierno también debe ofrecer garantías de seguridad a los periodistas que huyeron del país y a los que se quedaron, para que puedan trabajar con libertad".

 

Sólo se ha permitido la reapertura de dos emisoras, a Rema FM, cercana al gobierno, y a la independiente Isanganiro. Los directivos de ambas radios tuvieron que firmar un compromiso que restringe su libertad editorial. Pero los periodistas aseguran que las radios no están recibiendo el mismo trato. Dicen que Isanganiro sufre acoso. Sus representantes fueron convocados por funcionarios y se les amenazó con el cierre después de una emisión que disgustó al gobierno. Por su parte, a Rema FM recibió una indemnización de 4 millones de francos de Burundi (más de 2 millones de euros) por los daños que sufrió. La compensación la concedió el Tribunal de Apelación de Gitega en el marco del juicio a los responsables del intento del golpe, que emitió sus conclusiones el 9 de mayo.

 

La decisión de permitir la reapertura de estas dos emisoras de radio fue tomada de forma unilateral, y no a partir de las conclusiones de la investigación. El documento que las autoriza a abrir de nuevo precisa que pueden volver a cerrarse en cualquier momento por orden del Ministerio Público. El propio gobierno se atribuye el poder de liquidar o dejar vivir a los medios de comunicación y toma todas las medidas posibles para controlar lo que dicen los periodistas.

 

La última fue el anuncio que el vicepresidente del Consejo Nacional de Comunicación, Gabriel Bihumugani, hizo en rueda de prensa, el 29 de abril, de que todos los periodistas serían registrados de forma obligatoria, y que todos los medios de comunicación tendrían que publicar informes financieros y narrativos "que detallen cómo se utiliza el presupuesto". La medida afecta tanto a medios de comunicación públicos como privados.

 

Más de un centenar de periodistas han tenido que huir del país en el último año. Algunos han creado medios que informan desde el extranjero, como Radio Inzamba y Humura-Burundi, pero su viabilidad a largo plazo está en el aire. El periódico Iwacu continúa saliendo. Su director, Antoine Kaburahe -recientemente galardonado con la medalla de la ciudad de París por su valor-, trabaja desde Bruselas, ya que existe una orden de arresto contra él. Sus reporteros tienen que tener mucho cuidado para evitar represalias y algunos ni siquiera se atreven a firmar sus artículos.

 

El medio más recientemente creado, SOS Médias Burundi , sigue cubriendo "#BurundiCrisis" durante todo el día en las redes sociales. Sus reporteros en Burundi, que proporcionan noticias, fotos y vídeos, tienen que permanecer en el anonimato, y en muchos casos ni siquiera conocen la identidad de sus colegas, porque esto ayuda a reducir los peligros a los que están expuestos constantemente.

 

Burundi ocupa el puesto 156, de 180 países, en la Clasificación Mundial 2016 de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, tras caer 11 puestos con respecto a su posición en 2015. Más sobre el país, en el Informe Anual de la organización.