INFORME | ‘Diarios que nunca llegan a sus lectores’: RSF denuncia los múltiples obstáculos a la distribución de la prensa

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El nuevo informe de Reporteros Sin Fronteras analiza el viaje desde la mesa del periodista al kiosco, expone las diferentes maneras de impedir que los periódicos lleguen al público, y señala a quienes intervienen para impedir el proceso.

El documento, titulado ‘Diarios que nunca llegan a sus lectores. Investigación sobre la obstaculización de la distribución de la prensa’, se publica este 23 de septiembre en todo el mundo y está disponible en inglés y francés, de forma gratuita en la web de RSF

    

Compra masiva de periódicos; incautación de publicaciones en los kioscos o en las imprentas; pirateo de contenidos; impuestos abusivos dirigidos a la prensa; restricciones para acceder a las materias primas necesarias para la impresión; acoso a los distribuidores y vendedores de periódicos que, en algunos casos, pagan con su vida el objetivo de su trabajo: hacer llegar la prensa a los lectores. Existen múltiples formas de bloquear la información, de restringir la libertad de prensa.

Coincidiendo con el congreso Distripress, que reúne el 23 de septiembre en Berlín a editores y distribuidores de prensa de todo el mundo, RSF da a conocer un nuevo informe, “Diarios que nunca llegan a sus lectores. Investigación sobre la obstaculización de la distribución de la prensa” en el que revela cómo los Estados o sus instituciones, poderosos oligarcas o empresas privadas, obstaculizan la distribución de la prensa.

La imaginación de los depredadores de la libertad de prensa no tiene límites y en numerosas ocasiones no solo pasa por intentar silenciar a los periodistas, sino también por impedir la publicación y difusión de la información.

“A los impresores, distribuidores y vendedores de periódicos rara vez se les cita en los diarios. Sin embargo, su labor es esencial para la liberta de prensa”, señala Christophe Deloire, Secretario General de RSF. “Un periodista no sólo debe poder investigar y escribir libremente. El producto de su trabajo también debe llegar a sus lectores sin restricciones. De lo contrario, los ciudadanos no podrán tener acceso a una información plural, indispensable para toda democracia. Por ello, la necesidad y la urgencia de que se conozcan las prácticas que amenazan nuestro derecho fundamental a estar informados.”

Evitar la venta y distribución a cualquier precio

La investigación realizada por RSF en más de 90 países muestra que cerca de 41% de las tentativas para impedir la distribución de la prensa se producen en el momento de la venta. El vendedor de periódicos, como último intermediario entre el lector y su diario, también puede ser objeto de presiones encaminadas a restringir el flujo de la información. Con frecuencia los medios empleados son radicales: en el Congo y Guinea Ecuatorial la policía ha decomisado ediciones enteras en los kioscos para luego destruirlas por completo.

Esta obstaculización se realiza a veces de forma más sutil, como sucedió en Madagascar el 18 de septiembre de 2018 cuando representantes del gobierno compraron todos los ejemplares de un diario que revelaba en su primera página las supuestas relaciones secretas de la primera dama con un consejero del presidente.

El bloqueo de la distribución puede ser más insidioso. En Polonia, por ejemplo, los vendedores de periódicos se ven obligados a ofrecer un espacio de venta preferente a la prensa progubernamental, en detrimento de la prensa independiente, que se vuelve casi “invisible” para la clientela.

La censura también puede ejercerse de manera radical y brutal, como ocurre en México, donde voceadores y vendedores de diarios reciben amenazas directas; algunos de ellos han sido asesinados simplemente por querer hacer su trabajo: dar a conocer la noticias.

Para los depredadores de la información, el transporte y la distribución de periódicos presentan otra oportunidad para restringir la circulación de la prensa independiente o de oposición. Más de 22% de los casos de infracciones contra la libre distribución de la prensa se registran cuando los diarios se transportan de la imprenta al punto de venta, según el estudio elaborado por RSF. En Nigeria o en Pakistán, las autoridades no dudan en recurrir a la policía o al ejército para detener los camiones que transportan los diarios, que son confiscados sin contemplaciones.

Fronteras infranqueables e impuestos especiales para publicaciones non gratas

Cuanto más alejados se encuentran los puntos de venta, mayores son los obstáculos para la distribución de los periódicos. Las fronteras pueden incluso volverse infranqueables para ciertas publicaciones por decisión de las autoridades locales. En ocasiones, por motivos religiosos, como en el caso del semanario satírico Charlie Hebdo, que fue prohibido en numerosos países musulmanes en 2015. Otras veces, es una cuestión meramente política, como ha ocurrido con el semanario francés Jeune Afrique, que en los últimos meses se ha vuelto ‘indeseable’ e imposible de encontrar en los kioscos de Argelia.

Las medidas económicas pueden utilizarse como poderosos instrumentos de censura, según destaca el informe de RSF. Así lo demuestran los casos de Kosovo y Rusia, donde la decisión de un Estado de aplicar impuestos de importación o de suprimir la subvención pública al servicio de correo ponen en peligro no solo la distribución de ciertas publicaciones, sin la supervivencia del sector editorial.

¡Paren las máquinas!

Algunos diarios de oposición sufren intentos de censura justo antes de pasar por la rotativa. Es lo que sucedió en Egipto, donde una imprenta cercana al Estado amenazó al diario de oposición Al Ahaly con no imprimir ningún ejemplar si no eliminaba antes un reportaje de investigación comprometido para el gobierno. En Gabón el diario La Loupe fue pirateado justo antes de que se pusieran en marcha las rotativas. En algunos países como Bulgaria o Sudán, es frecuente la confiscación de publicaciones molestas para el poder.

Los monopolios o el hecho de que el Estado o un poderoso grupo editorial domine el sector de la impresión o el de la distribución, permite que se ejerza un control de facto sobre la prensa, imponiendo tarifas e incluso decidiendo qué publicación puede recibir la preciosa e indispensable materia prima de todo diario impreso: el papel, como ha acontecido en Venezuela o en Nicaragua.

Al final, poco importan la manera o los medios, las múltiples interferencias en la cadena de distribución tienen generalmente el mismo objetivo: impedir que se lean ciertos diarios, coartar así la libertad de información.