Llamamos a la comunidad internacional para que defienda a los periodistas en peligro en Bielorrusia

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Por Svetlana Alexievich, escritora y Premio Nobel de Literatura, Andréi Bastunets, presidente de la Asociación de Periodistas de Bielorrusia, y Christophe Deloire, secretario general de Reporteros Sin Fronteras (RSF)

[Publicado en el diario El País el 11 de septiembre de 2020]

El 11 de septiembre de 1848, Víctor Hugo pronunció un discurso ante la Asamblea Nacional de Francia. Durante un debate sobre el estado de sitio, se rebeló contra la suspensión de los periódicos afirmando: “el principio de la libertad de prensa no es menos esencial, ni menos sagrado que el principio del sufragio universal. Son los dos lados de un mismo hecho”. El escritor continuó diciendo: “La libertad de prensa, junto con el sufragio universal, es el pensamiento de todos alumbrando al gobierno de todos”. En conclusión: “atacar a la una es atacar al otro”.

Cuando los pueblos del mundo reclaman el respeto de sus derechos como ciudadanos, están reclamando tanto una fiel representación de la realidad como la fiabilidad de las elecciones. Saben que es la libertad de prensa la que permite verificar la existencia de todas las demás libertades. Así lo han proclamado una y otra vez los manifestantes en Minsk: “Los periodistas no son delincuentes”. Lamentablemente, las fuerzas de Alexander Lukashenko están intentando colocar decorados de pueblos Potemkin ante la realidad política.

En Bielorrusia, que ocupa el puesto 153º de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa publicada por Reporteros Sin Fronteras (RSF), los canales de televisión ya estaban bajo el control exclusivo del régimen. Las detenciones de periodistas no alineados y la censura de los medios son mecanismos habituales de represión. Con el reciente movimiento por la libertad, las autoridades han recrudecido su brutalidad: redadas masivas, acoso, tortura … Más de 80 periodistas han sido objetivo de las autoridades en las últimas dos semanas.

Los medios de comunicación extranjeros se ven privados de sus acreditaciones y buena parte de ellos han sido expulsados del país. El poder no duda en censurar decenas de publicaciones digitales de información, eso si no no corta por completo el acceso a Internet. También impide que se impriman y se distribuyan periódicos independientes. Al poder le gustaría instaurar un “vacío informativo”, imponer un gran silencio en lugar de las manifestaciones y el debate. No queremos que vuelva el silencio de las dictaduras, “ese silencio que es una señal de desgracia, y muchas veces de crimen” que describía el gran reportero polaco Ryszard Kapuscinski.

Esta es la razón por la que hacemos un llamamiento a la Asamblea General de las Naciones Unidas para que envíe una misión de observación que dé testimonio de los abusos contra los periodistas. Llamamos a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa para que incluya la libertad de prensa como asunto prioritario en su propuesta de mediación en la crisis. Apelamos a los países de la Comunidad de Estados Independientes con el fin de que pongan a Bielorrusia una condición para acceder a la presidencia de la organización, prevista para 2021: que cese la violencia contra los medios de comunicación.

Por último, pedimos a todos los Estados que abriguen simpatías hacia Bielorrusia y su pueblo que faciliten la acogida de todos los periodistas perseguidos que ya no pueden, de momento, trabajar allí. Una de nosotros, Svetlana Alexievich, dijo un día: “La libertad es un trabajo largo y penoso”. Dure o no mucho tiempo, este arduo trabajo precisa ahora la solidaridad de la comunidad internacional.