ESPAÑA | RSF deplora el deterioro de las relaciones entre las fuerzas de seguridad y los fotoperiodistas en Cataluña

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Los acontecimientos de los últimos años han crispado la actitud de los agentes con la prensa gráfica y multiplicado las trabas a la información

Reporteros Sin Fronteras España manifiesta su preocupación por el deterioro de las relaciones entre las fuerzas de seguridad y los fotorreporteros en Cataluña. Desde los acontecimientos en torno al referéndum del 1 de octubre de 2017 hasta hoy, se han multiplicado los casos en que los periodistas gráficos se han enfrentado a numerosas trabas para para ejercer su trabajo, poniéndose en riesgo el derecho a la libertad de prensa.

En concreto, RSF sigue de cerca actualmente el caso de Mireia Comas, fotorreportera colaboradora de El Diari de Sabadell, El Nacional.cat o La Directa, entre otros, detenida y acusada por los Mossos d’Esquadra de atentado contra la autoridad, por los que la Fiscalía solicita un año de prisión y una multa de 170 euros. Los hechos sucedieron el pasado 18 de octubre, en el transcurso de un desahucio en la localidad de Terrasa (Barcelona) del que la periodista rendía cuenta.

“Al llegar al inmueble, cuatro agentes me rodearon diciéndome que me quitarían la cámara si hacía fotos y yo me identifiqué como prensa; en todo momento me quedé en el rellano. Me empezaron a amenazar, me sentí intimidada, y uno ordenó que me retuvieran en el piso de arriba”, relata. Desconcertada, la fotoperiodista quiso salir del edificio y explica: “una agente me inmovilizó contra la pared, puso su codo en mi cuello y me estuve una hora esposada allí”. Después, la dejaron dentro del vehículo policial, también esposada, para ser trasladada a comisaría más tarde. Los Mossos han abierto una investigación para esclarecer las circunstancias de la detención.

La gravedad de los hechos, que ilustran tres años de tensión con las fuerzas de seguridad en Cataluña, recibió el apoyo de unos 150 fotógrafos, desde los más jóvenes a los más veteranos, que se concentraron en Terrassa en apoyo a Mireia Comas. Dos horas después de esta manifestación, seis fotorreporteros allí presentes se desplazaron a la plaza de Urquinaona en Barcelona, para cubrir las protestas convocadas en el aniversario de la sentencia del “procés”, que condenó a prisión a los líderes independentistas. Según Lorena Sopena, fotoperiodista de El Diari de Barcelona, se encontraron por sorpresa con los mismos mossos que habían estado vigilando la concentración de Terrassa.

Los agentes les recibieron con la frase “ha querido el destino que seamos los mismos que estábamos en Terrassa” y les alertaron sobre el uso que darían a sus imágenes, citando expresamente la “Ley Mordaza”.

“Además, nos advirtieron de que si había altercados ese día en Urquinaona sería culpa nuestra. Nos sentimos criminalizados, intimidados y amenazados por hacer nuestro trabajo; nos pareció una venganza por lo de Terassa” concluye Sopena.

El pasado mes de diciembre, se celebró el juicio contra el fotoperiodista de EL PAIS, Albert García, acusado en este caso por el Cuerpo Nacional de Policía (CNP) de haber agredido a un agente en octubre de 2019, mientras realizaba una cobertura informativa sobre las protestas por la sentencia del “procés”, en la Plaza Urquinaona. García, que iba identificado como prensa, retrataba a un joven que estaba siendo agredido por los antidisturbios. Según la versión de la policía, el reportero dificultó su trabajo y se encaró con los agentes; según el periodista, protestó con vehemencia porque uno de los policías le empujó.

RSF cifra en más de medio centenar los ataques a la labor de los periodistas registrados durante los últimos dos años en Cataluña y reitera el llamamiento a políticos y medios para rebajar la extrema polarización que vive la región.

“Es obvio que la extrema tensión política y la violencia en las calles que ha sufrido Cataluña en los últimos años ha deteriorado las relaciones entre las fuerzas de seguridad y la prensa gráfica. Son muchos años de protestas, el número de fotorreporteros es limitado y reconocible y, por tanto, la animadversión está servida. Hacemos un llamamiento a la calma, la profesionalidad y pedimos algo muy sencillo: que se deje trabajar a los periodistas”, afirma Alfonso Armada, presidente de RSF España.

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