Al menos 22 periódicos “asesinados” en los últimos cinco años

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Reporteros Sin Fronteras (RSF) tiene constancia de que, en los últimos cinco años, al menos 22 periódicos de todo el mundo se han visto abocados al cierre por presiones de los gobiernos a los que molestaban. Este es el caso de Apple Daily, el diario más popular de Hong Kong, que el 23 de junio anunció su cierre por coacciones de las autoridades hongkonesas y chinas.

Apple Daily, uno de los pocos medios de comunicación en chino que seguía criticando al Gobierno del país, es tan sólo el último ejemplo de periódico “asesinado” deliberadamente como consecuencia de un acoso judicial, a menudo prolongado pero en última instancia letal, y un estrangulamiento económico.

Entre ellos se encuentran Vtime, un periódico digital ruso que cerró a principios de este mes; Akhbar Al-Ayoum, un diario marroquí que cerró en marzo, y dos periódicos de Myanmar, 7 Day News y Eleven. La siguiente lista, no exhaustiva, muestra cómo los periódicos de todas las partes del mundo fueron “asesinados” en una amplia gama de circunstancias políticas.

“Además de los asesinatos de periodistas, la violencia física contra ellos y la violación de sus derechos, el asesinato metódico de periódicos se ha convertido en algo habitual”, declara el secretario general de RSF, Christophe Deloire. “La muerte de un periódico en otro país provoca menos emoción que la muerte de una persona, por lo que a menudo pasa desapercibida para el público internacional. Alguien que no preste mucha atención puede suponer que el periódico fue víctima de una mala gestión o de la disminución del interés del público. Pero a menudo los periódicos mueren deliberadamente, con terribles consecuencias para el derecho a la información”.

 

Estrangulamiento económico

Apple Daily tuvo que cerrar porque el Gobierno de Hong Kong congeló sus activos, dejándolo incapacitado para pagar a su personal y proveedores. Este tipo de asfixia económica se utiliza mucho para obligar a los periódicos a cerrar. El último diario independiente en árabe de Marruecos, Akhbar Al Youm, lanzado en 2009 y muy crítico con el gobierno, fue estrangulado lentamente de esta misma forma. Después de que su fundador y director, Taoufik Bouachrine, fuera encarcelado en 2018, se le privó de toda la publicidad del sector estatal y, después, no recibió ninguna de las ayudas que el gobierno proporcionó a los medios de comunicación en respuesta a la pandemia de Covid-19. Finalmente dejó de publicar en marzo de 2021.

El egipcio Tahrir News, un diario independiente que desde 2015 solo publicaba una versión digital, se vio obligado a cerrar en mayo de 2020 después de que las autoridades le privaran de ingresos vitales al bloquear el acceso a su página web durante meses sin razón alguna.

Algo similar ocurrió en Camboya. Después de publicar durante 24 años, el Cambodia Daily en inglés, se vio obligado a cerrar en septiembre de 2017 tras una dura presión económica en forma de demanda fiscal sin precedentes. Había estado a la vanguardia de la lucha por la información y las noticias independientes.

En América Latina, las autoridades nicaragüenses lograron silenciar a El Nuevo Diario, con 40 años de antigüedad, en septiembre de 2019. Crítico con el gobierno del presidente Daniel Ortega, el periódico fue especialmente crítico en su cobertura de la represión en las protestas antigubernamentales en abril de 2018. El Gobierno respondió utilizando su monopolio sobre el papel prensa y la tinta importada, privando al periódico de los suministros que necesitaba para seguir imprimiendo.

 

Acoso judicial

El acoso judicial y la legislación arbitraria y de redacción imprecisa también se utilizan para someter a los periódicos molestos a una muerte prolongada. VTimes, un diario digital independiente fundado el año pasado en Rusia, decidió cerrar el 12 de junio, un mes después de que el Ministerio de Justicia lo incluyera en la lista de “agentes extranjeros”. El diario digital estaba preocupado por la posibilidad de que se iniciaran procesos penales. El medio de comunicación independiente Akhbor, de Tayikistán, tomó una decisión similar el año pasado, tras ser incluido en la lista negra y sometido a acoso judicial después de publicar contenidos críticos sobre temas sensibles.

Políticas similares acabaron con el bimensual Mutaciones en Burkina Faso. A raíz de una demanda por difamación, el periódico y su director fueron condenados a pagar 17 millones de francos CFA (26.000 euros) en concepto de daños y perjuicios en 2018, una suma exorbitante fuera de su alcance. Una demanda de pago de varios millones de euros en concepto de impuestos atrasados, basada en una aplicación muy selectiva de la legislación fiscal, obligó a uno de los periódicos más críticos de Zambia, The Post, a dejar de publicarse en junio de 2016, pocas semanas antes de unas elecciones generales cruciales para el Gobierno.

 

Censura pura y dura

En Myanmar, fue el golpe de Estado de febrero de 2021 el que firmó la sentencia de muerte de todos los medios de comunicación independientes del país en el espacio de unas pocas semanas, en sus versiones impresas al menos. En marzo, la Junta se limitó a rescindir las licencias de varios diarios, como 7 Day News y Eleven. Los demás periódicos independientes, como Standard Time, pronto se encontraron con la censura militar y la escasez de papel prensa. En la actualidad, en los quioscos de Myanmar sólo se pueden encontrar periódicos de propaganda.

En Turquía, el frustrado golpe de Estado de julio de 2016 desencadenó una gran purga y muchos periódicos fueron prohibidos en virtud del consiguiente estado de excepción. Entre ellos, los diarios Zaman y Taraf, y el periódico pro-kurdo Özgür Gündem, que fueron disueltos por decreto en el verano de 2016, mientras que muchos de sus periodistas fueron acusados de “pertenencia a una organización terrorista” y de “poner en peligro la integridad del Estado”, algunos fueron encarcelados.

Los periodistas de Népszabadság, uno de los principales periódicos húngaros fundado durante el levantamiento contra el yugo soviético hace 65 años, fueron objeto de un repentino cierre muy peculiar en octubre de 2016. Su propietario, el grupo mediático húngaro Mediaworks, les negó el acceso al edificio sin previo aviso tras decidir, en cuestión de horas, dejar de publicar porque los ingresos estaban en caída libre. Mediaworks fue vendido unas semanas después a un grupo mediático cercano a Viktor Orbán, primer ministro de Hungría.

 

Sobrevivir en la red

Para sortear estas diversas formas de acoso, algunos periódicos han logrado sobrevivir como diarios digitales. Después de 75 años, el histórico periódico venezolano El Nacional se vio obligado a dejar de producir su edición impresa en octubre de 2015, sin embargo, este diario crítico con el Gobierno actual ha conseguido seguir ofreciendo una cobertura informativa independiente de forma digital.

El último periódico de la oposición de Azerbaiyán, Azadlig, tuvo que dejar de imprimirse en septiembre de 2016, pero sigue informando digitalmente. Moussa Aksar, el director de L’Evénement, uno de los principales diarios de Níger, ha conseguido mantenerlo e digita, a la vez que dirige una granja, y vende leche de vaca y camello, y mangos. Dejó de producir una versión impresa en 2018 como consecuencia de la caída de los ingresos publicitarios, y del acoso judicial como consecuencia de su cobertura en una presunta malversación de fondos por parte de altos cargos políticos y militares.

La mayoría de países y territorios que han utilizado estos métodos para silenciar a los periódicos independientes ocupan una posición baja o muy baja en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2021 de RSF, que abarca 180 países. Hong Kong ocupa el puesto 80, Zambia el 115, Nicaragua el 121, Marruecos el 136, Myanmar el 140, Camboya el 144, Venezuela el 148, Rusia el 150, Turquía el 153, Egipto el 166, Azerbaiyán el 167, Tayikistán el 162 y China el 177. Las excepciones son Burkina Faso y Níger, que ocupan los puestos 37 y 59 respectivamente.