INTERNACIONAL | Tres años después de la tragedia de Charlie Hebdo, periodistas de todo el mundo siguen amenazados de muerte por “blasfemia”

05.01.2018 20:46

 

En vísperas del tercer aniversario de la masacre de Charlie Hebdo, Reporteros Sin Fronteras (RSF) lamenta el hecho de que decenas de periodistas en todo el mundo sigan siendo blanco de llamamientos a su ejecución o que sean condenados a muerte porque se los considera culpables de blasfemia o apostasía.

 

Escribir o hablar sobre asuntos religiosos sigue siendo espinoso, hasta el punto de que se corre el riesgo de perder la vida. Tres años después de que 12 personas fueran asesinadas en la sede parisina del semanario satírico francés Charlie Hebdo, el 7 de enero de 2015, quienes censuran en nombre de Dios todavía representan una de las amenazas más graves para la libertad de información en casi todo el mundo.

 

De un continente a otro, los llamamientos a la muerte de periodistas acusados ​​de blasfemia circulan ampliamente en las redes sociales. En Francia, internautas anónimos piden más ataques contra Charlie Hebdo. En Bangladesh, se hacen llamadas para que Shyamal Dutta, director del diario Bhorer Kagaj, y sus trabajadores sean ahorcados públicamente porque un artículo del 23 de diciembre decía que un libro sobre los hadices (los dichos del Profeta) publicado por un la entidad gubernamental contenía comentarios "vulgares".

 

En Bangladesh, como en Pakistán, los grupos fundamentalistas y extremistas religiosos tolerados por las autoridades amenazan a los periodistas y blogueros con total impunidad; eso, si no los secuestran o los matan a machetazos*. Hace exactamente un año, el 7 de enero de 2017, desapareció el bloguero paquistaní Samar Abbas. Había fundado Civil Progressive Alliance Pakistan, un grupo que publicó artículos en Internet defendiendo la libertad religiosa. Otros cuatro blogueros fueron secuestrados en la misma época.

 

Después de que desaparecieran, una masiva campaña digital de difamación comenzó a acusarlos de blasfemia, lo que conlleva la pena de muerte en Pakistán. Cuatro de los cinco blogueros fueron liberados después de varias semanas, pero ninguno de ellos se atrevió a identificar a sus secuestradores. La amenaza recibida por la familia de una de las víctimas fue explícita: "Tú, que has blasfemado, mereces la muerte. Estás fuera del Islam y debes estar listo para un castigo doloroso, que será recordado por tus generaciones futuras".

 

En Argelia, a Abdou Semmar, director del periódico digital de investigación Algériepart y presentador de "L'Emission Impossible", un programa de la televisión privada Beur TV, sólo le queda la esperanza de que él y sus colegas no tengan que pagar el precio más alto por la emisión del 22 de diciembre, un debate sobre el fanatismo religioso que enfureció a los islamistas radicales.

 

"Desde entonces, hemos sido sometidos a una gran campaña de amenazas y acoso ", asegura. Un vídeo que los acusa de atacar al Islam, que fue transmitido por el canal de televisión qatarí Al Jazeera, sirvió para alimentar la indignación. "Los fanáticos lo están usando para atacarnos, y nuestras familias están empezando a tener mucho miedo por nuestras vidas".

 

"En muchas partes del mundo, informar de los hechos se considera un comportamiento herético", sostiene el secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire. "Los fanáticos no solo hostigan y amenazan a los dibujantes, sometiéndolos a una violencia extrema. También se dirigen a periodistas que cubren asuntos religiosos e incluso solo cuestiones sociales y asuntos públicos. Las prohibiciones que estos extremistas intentan imponer se extienden mucho más allá del dominio religioso".

 

"La acusación de blasfemia no puede, bajo ninguna circunstancia, justificar una excepción a la libertad de informar. Esto es contrario al derecho internacional y, por lo tanto, pedimos que se derogue toda la legislación que restrinja la libertad de informar en nombre de la religión".

 

Charlie Hebdo sigue estando en la primera línea de la desigual batalla entre censores fanáticos y periodistas satíricos o dibujantes. Hace apenas dos meses, la portada de la revista que mostraba a Tariq Ramadan - un erudito islámico suizo acusado de agresión sexual - declararse el "sexto pilar del Islam" desencadenó una encendida campaña de insultos y amenazas de muerte en las redes sociales.

 

Las continuas amenazas contra Charlie Hebdo tienen un costo. Y alto. En su último número, la revista informó que más de la mitad de las ganancias por la venta de ejemplares deben utilizarse para pagar la protección de su sede y de los periodistas que trabajan allí. La libertad de expresión "está en proceso de convertirse en un producto de lujo", dijo el director Riss en un editorial.

 

"Tres años después de la tragedia, la solidaridad con Charlie Hebdo sigue siendo una obligación moral ", añade Deloire. "La vida de sus empleados y la supervivencia económica de la revista deben defenderse porque Charlie es un símbolo que no podemos abandonar sin aceptar la derrota a manos de la intolerancia religiosa. "

 

70 países tienen aún leyes sobre la blasfemia

 

No son solo los extremistas religiosos anónimos quienes quieren que la blasfemia y la apostasía sean castigadas con la ejecución u otras penas drásticas. Al menos 71 países todavía tenían leyes que penalizaban la blasfemia a comienzos de 2017, según un informe de la Comisión de Libertad Religiosa Internacional de Estados Unidos. Desde entonces, solo uno de estos países ha derogado su legislación sobre la blasfemia: Dinamarca, en julio. Algunos países prevén reforzar sus leyes para castigar más severamente a los blasfemos.

 

Entre ellos está Mauritania. “A cualquier musulmán, hombre o mujer, que se burle o insulte a Alá o a Su Mensajero (Mahoma), la paz sea con él, a sus ángeles, sus libros o a uno de Sus Profetas, se le puede castigar con la muerte (...) incluso en el caso de que se arrepienta”, reza una ley aprobada por el gobierno de Mauritania el 16 de noviembre.

 

Solo cuatro días antes y precisamente porque se arrepintió, al bloguero Mohamed Ould Mkheitir, condenado a muerte por un artículo “blasfemo”, le conmutaron la pena capital por dos años de cárcel. Ahora ya no es posible arrepentirse. Mkheitir cumplió su condena el 9 de noviembre, pero su destino sigue siendo muy incierto. Las autoridades lo mantienen en un lugar secreto, oficialmente por su propia seguridad. Pero los amigos temen que se le retenga para dar tiempo a la Corte Suprema para que reconsidere su caso y para que el Parlamento haga que la nueva ley sea retroactiva.

 

Galardonados por RSF declarados culpables de blasfemia

 

La blasfemia y la apostasía también se castigan con la muerte en Irán. Soheil Arabi, un fotógrafo iraní y periodista ciudadano ganador del Premio Libertad de Prensa de RSF en 2017, ha estado encarcelado durante los últimos cuatro años por su presunta participación en la creación de una red de Facebook que "blasfemó" contra el Islam y criticó al régimen. Después de ser sentenciado a tres años en prisión y 30 latigazos, fue juzgado nuevamente unos meses después y sentenciado a muerte. La condena a muerte fue finalmente anulada y, en 2015, fue sentenciado a siete años y medio de prisión. Por el maltrato y su reciente huelga de hambre de 52 días, ahora se encuentra en muy mal estado físico y psicológico.

 

El bloguero saudí Raif Badawi, Premio de RSF en 2014 y apadrinado por periodistas españoles en el marco de la campaña de apoyo a encarcelados de RSF España, lleva cinco años en prisión por "insultar al Islam". Detenido por criticar y burlarse de la policía religiosa en su foro de discusión digital, llamado "Red Liberal Saudí", fue condenado a diez años de prisión, a recibir 1.000 latigazos, a una multa de 1 millón de riales y a la prohibición de abandonar el país durante los diez años siguientes a su puesta en libertad. Como en otros casos, la condena no guarda proporción con el presunto delito.

 

Acusación de blasfemia para censurar a los críticos

 

Lejos de proteger lo sagrado, estas leyes se usan en la práctica principalmente para reprimir la disidencia, hostigar a los periodistas y evitar cualquier forma de crítica al sistema de gobierno y a los que están en el poder. Los conceptos vagos sirven como herramientas para perseguir puntos de vista disidentes o minoritarios, como en el caso de la periodista sudanesa Shamael al-Nur en febrero pasado.

 

Por escribir en una columna en el periódico independiente Al-Tayyar que "los regímenes islámicos están más preocupados por cuestiones de virtudes, vestimenta, apariencia, que problemas de salud y educación", fue amenazada con violencia y procesada por apostasía, un cargo que se puede castigar con la muerte en virtud de la ley de la Sharia, en vigor en Sudán desde 1983.

 

En un informe de diciembre de 2013 titulado "Blasfemia: la información sacrificada en el altar de la religión", Reporteros Sin Fronteras examinó el impacto del uso de los cargos de blasfemia contra periodistas en todo el mundo, y en particular del peligro que plantean cuando se utilizan para restringir la libertad de expresión.

 

* Cuatro blogueros de Bangladesh fueron asesinados a machetazos en 2015

 

      

  

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