CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2019 | Asia y el Pacífico: La libertad de prensa, sujeta a los cambios políticos en los países

18.04.2019 05:55

 

Ante la propaganda totalitaria, la censura, las intimidaciones, la violencia física y el acoso en internet, ahora se requiere de una gran dosis de valor para ejercer con total independencia la profesión de periodista en los países de la zona de Asia y el Pacífico. Los países democráticos se enfrentan a dificultades para resistir a los movimientos de desinformación.

 

En la zona Asia y el Pacífico se registran dos ascensos significativos: Malasia y Maldivas suben 22 posiciones en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF). Estos dos ejemplos ilustran, por si aún fuera necesario hacerlo, hasta qué punto el ecosistema político de un Estado afecta a la situación de la libertad de la información. Por una parte, Malasia vivió su primera alternancia política en 62 años de independencia. Fue una bocanada de aire fresco para la prensa, que hasta entonces se encontraba casi por completo anquilosada, y modificó profundamente el ambiente de trabajo de los periodistas. El resultado es que el país ahora se encuentra en el puesto 123. En lo que respecta a Maldivas fue la llegada de un nuevo presidente, que estableció firmes compromisos a favor de la libertad de prensa –algunos de los cuales ya cumplió–, lo que permitió que archipiélago del Océano Índico alcanzara el puesto 98.

 

Se expanden los agujeros negros de la información

 

China (177º) y Vietnam (176º) están en el extremo opuesto. Ambos países pierden un puesto, y eso que ya se encontraban en una posición muy baja en la Clasificación. Esto se debe a que los presidentes Xi Jinping y Nguyen Phu Trong acaparan por completo el poder: el primero, modificó la Constitución de China en marzo de 2018 para poder ser “presidente de por vida”, mientras que el segundo, no sólo dirige al Estado, sino también el Partido Comunista de Vietnam. Sus respectivos clanes se empeñan en evitar que la prensa oficial emprenda cualquier debate respecto a la situación del país y persiguen de manera despiadada a los periodistas ciudadanos que intentan que se escuchen las voces disidentes. En Vietnam hay cerca de 30 periodistas entre rejas –profesionales y ciudadanos–; en China, casi el doble.

 

El contramodelo chino se basa en una vigilancia y una manipulación de la información orwellianas, ejercidas a través de las nuevas tecnologías. La situación se torna aún más alarmante dado que el gobierno chino ahora promueve su modelo represivo más allá de sus fronteras. China no sólo obstaculiza el trabajo de corresponsales extranjeros en su territorio, sino que también busca instaurar un “nuevo orden mundial de la información” bajo su dominio, como lo muestra un informe de RSF publicado recientemente.

 

Laos también baja un puesto (171º) porque impidió a los periodistas cubrir el dramático derrumbe de una represa, en julio de 2018. Inexorablemente, los tres Estados-Partido se acercan a su “hermana” Corea del Norte, que da un pequeño salto y asciende una posición (179º, +1) gracias a una aparente apertura en los encuentros internacionales en los que el presidente norcoreano, Kim Jong-un, se reunió con su homólogo estadounidense, Donald Trump.

 

Censura y autocensura generalizadas

 

Otros contramodelos que atacan a los islotes de la prensa independiente se inspiran cada vez más en el ejemplo chino, que bloquea por completo la información. Es el caso de Singapur (151º), que ha convertido la autocensura en una regla absoluta, de Brunei (152º,  -1) y de Tailandia (136º). La censura también se ha convertido en la norma en Camboya (143º), donde el gobierno ha intentado acabar con toda la prensa independiente, y en Hong Kong (73º), donde los grandes medios de comunicación tradicionales ahora se doblegan ante las directivas del gobierno chino.

 

Debido a que las autoridades de Papúa-Nueva Guinea (38º) y Tonga (45º) no respetan la independencia editorial de los medios de comunicación, 2018 estuvo marcado por el aumento de la autocensura en ambos países. Asimismo, en Pakistán (142º, -3) se intensificó la censura de cara a las elecciones generales de julio de 2018; el régimen militar ejerció presiones sobre la prensa que recordaban los peores momentos de la dictadura.

 

La cobertura sobre el terreno puede ser letal

 

Los periodistas paquistaníes, en primera línea, se enfrentan a una gran inseguridad cuando trabajan sobre el terreno. En 2018, al menos tres fueron asesinados por su labor periodística. La situación de inseguridad es más preocupante, en otro sentido, en Afganistán (121º, -3), donde a pesar de los esfuerzos de las autoridades, 16 profesionales de los medios de comunicación perdieron la vida debido a su trabajo informativo, 9 de ellos en un doble atentado perpetrado intencionalmente contra la prensa, lo que muestra el valor que requieren los reporteros para cubrir los acontecimientos. De manera menos dramática, pero también preocupante, los periodistas que cubrieron las manifestaciones y las elecciones en Bangladesh (150º) tuvieron que enfrentarse a un incremento de la violencia en su contra sin precedentes.

 

Un hecho que alienta estas agresiones físicas a periodistas es que suelen quedar totalmente impunes. Es, por ejemplo, el caso de Sri Lanka (126º). Por otra parte, en India (140º, -2) al menos seis periodistas perdieron la vida cuando intentaban hacer su trabajo en 2018. A ello se suma el recrudecimiento de los casos de violencia, que puede proceder, entre otros, de las fuerzas de seguridad, de los grupos mafiosos o de los militantes políticos.

 

Acoso en internet y desinformación

 

Los periodistas indios, también en primera línea, sufren agresiones tanto cuando trabajan sobre el terreno como en las redes sociales. Cuando se atreven a criticar la ideología nacionalista hindú, impulsada por el primer ministro, Narendra Modi, suelen ser calificados de elementos “anti indios” que hay que eliminar, lo que da lugar a terribles campañas de acoso en internet en las que los periodistas pueden sufrir amenazas de muerte o de violación, pues el blanco predilecto de los ejércitos de trolls son las reporteras. Un fenómeno que también se observa en Filipinas (134º, -1), donde la prensa independiente además de sufrir los ataques del gobierno de Rodrigo Duterte, padece ciberataques coordinados. El caso más emblemático es el del portal informativo Rappler y de su fundadora, Maria Ressa, víctimas de campañas de acoso en línea y de una serie de procesos judiciales emprendidos por diferentes órganos gubernamentales.

 

La instrumentalización de las redes sociales también es preocupante en Birmania (138º, -1), donde la desinformación se ha expandido de forma desmedida en Facebook. Se han trivializado los mensajes de odio contra la minoría musulmana rohinyá y se han apoyado los discursos del gobierno de Aung San Suu Kyi, quien guardó un silencio ensordecedor cuando los periodistas Wa Lone y Kyaw Soe Oo fueron condenados a siete años de prisión por haber intentado investigar el genocidio cometido contra los rohinyás.

 

Los países democráticos, aparentemente sumergidos en la desinformación

 

Las oleadas de desinformación erosionan considerablemente la democracia en toda la región y, por ende, la libertad de prensa. Los países democráticos resisten cada vez con mayor dificultad esta corriente, lo que hace que muchos de ellos se estanquen en la Clasificación de RSF. Con el pretexto de regular las redes sociales, algunos gobiernos han adoptado leyes liberticidas que obstaculizan el periodismo de investigación, como los de Nepal (106º) o Samoa (22º).

 

La falta de reformas estructurales para que exista una mayor libertad de prensa también impide que países como Corea del Sur (41º) e Indonesia (124º) progresen. Asimismo, el ejercicio del periodismo independiente es muy difícil cuando el ambiente en que trabajan los medios de comunicación está muy polarizado, como sucede en Taiwán (42º) y Mongolia (70º).

 

El pluralismo, en peligro

 

El pluralismo de la prensa cada vez se ve más afectado por las lógicas de concentración comercial y los intereses económicos. Lamentablemente es lo que sucede en Japón (67º) y en Australia (21º, -2). En Nueva Zelanda (7º, +1), país que también padece esta situación, las autoridades establecieron una vigilancia que ha impedido una concentración aún mayor de los medios de comunicación. Por ello, el país asciende un lugar, muestra de que las garantías político-institucionales dan frutos.

 

En medio de este preocupante panorama se observan tímidas victorias: una cobertura periodística equilibrada de las elecciones generales de 2018 en Fiyi (52º, +5), Timor Oriental (84º, +11) y Bután (80º, +14), los medios de comunicación ejercieron plenamente su funciól, algo destacable teniendo en cuenta que la prensa aún se está consolidando en estas jóvenes democracias. El progreso de estos tres países ilustra bien que, para el desarrollo de una sociedad democrática es fundamental contar con periodistas que puedan trabajar con toda libertad, sin temor a presiones o represalias.

 

      

  

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