ACOGIDA | “Dos meses de paz y tranquilidad en medio de tanta violencia”, Cristian Herrera (Colombia)

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“Hoy, después de casi cuatro meses de haber retornado a Cúcuta (Colombia) puedo decir que los 60 días que pasé en Madrid (España) han sido los mejores que he tenido en mi vida. Junto a mi familia no tuvimos que preocuparnos si nos estaban siguiendo, si nos iban a robar o si de pronto, en cualquier momento, aparecería algún hombre armado para atacarme. Así es como me toca sobrellevar mis días a causa de la pasión que tengo por mi profesión de periodista.

Y la explicación de esto es muy sencilla. En esa ciudad europea no se vive una violencia como la que a diario tenemos que sobrellevar en la capital de Norte de Santander, donde diariamente asesinan a una persona o hay más de una docena de víctimas de la delincuencia o se siente la presión de grandes y pequeños narcotraficantes de drogas.

Los 60 días que pasé en Madrid (España) han sido los mejores que he tenido en mi vida”

Sí, así como lo leen, así se vive en Cúcuta, una ciudad que está a 16 horas de Bogotá, capital de Colombia. Una población que es frontera con Venezuela y tal vez es por eso que es tan llamativa para los delincuentes y criminales.

Acá, en esta ciudad, ejercer el periodismo es un tanto difícil, pues si se revelan los problemas de seguridad, corrupción o narcotráfico, se es amenazado o hasta asesinado, como ya ha pasado. Tal es la muestra de eso que a mí me toca moverme en una camioneta blindada, con tres escoltas armados y chalecos antibalas.

Lastimosamente quien ama la profesión del periodismo y no se deja corromper está destinado a convivir con la muerte y fue por eso que cuando Reporteros Sin Fronteras, sección España, me dio la noticia de que había sido elegido para la acogida temporal de tres meses en Madrid, no dudé ni un solo minuto en aceptar la propuesta. No me importó que junto con mi familia nos iríamos a un país que está a miles de kilómetros de distancia y que jamás en la vida nos habíamos imaginado que visitaríamos.

Acá, en esta ciudad, ejercer el periodismo es un tanto difícil, pues si se revelan los problemas de seguridad, corrupción o narcotráfico, se es amenazado o hasta asesinado, como ya ha pasado”

Cuando recibí esa grata noticia, de inmediato informé a mis jefes en el periódico La Opinión para el que trabajo. Ellos también aceptaron la interrupción de tres meses en mis labores. Rápidamente hice la documentación que Reporteros sin Fronteras me solicitó y el 13 de enero estábamos subidos en un avión con rumbo a Madrid.

Al llegar allá fuimos recibidos por dos maravillosas mujeres, que siempre estuvieron atentas a los que necesitáramos. Nos llevaron a un apartamento en Bustarviejo, donde la paz y la tranquilidad no se cambia por nada… Y durante dos meses pasamos los mejores días de nuestras vidas.

Lastimosamente, no pudimos culminar el programa como estaba estipulado porque la pandemia de la COVID-19 no nos lo permitió y nos tocó regresarnos antes a Cúcuta de lo pensado. Retornamos a esa realidad que muy pocos quisieran vivir.

Me ha tocado explicarles a mis hijos que no se preocupen cuando salga a trabajar porque regresaré a su lado y que si estoy bajo amenazas no es porque esté haciendo nada malo, por el contrario, es porque hago muy bien las cosas y eso es lo que molesta a los delincuentes y criminales.

Se logra aclarar la mente y vivir un periodo donde todo es maravilloso y se respira tranquilamente sin pensar que tenemos un arma apuntándonos”

Por eso, hoy quiero darle gracias a Reporteros sin Fronteras y al ayuntamiento de Madrid, que son dos organizaciones que ayudan a los periodistas que hoy enfrentamos algún tipo de riesgo. Créanme que gracias a eso se logra aclarar la mente y vivir un periodo donde todo es maravilloso y se respira tranquilamente sin pensar que tenemos un arma apuntándonos. Espero que este programa de acogida temporal siga y logre llegar a muchos más colegas, aunque me encantaría volver a vivir ese tiempo grandioso.

Mil gracias”.

Cristian H. Herrera Nariño, periodista del diario La Opinión.

Cúcuta, Colombia