NACIONES UNIDAS | La ONU se pronuncia en contra de la blasfemia

29.03.2010 19:43

Reporteros sin Fronteras expresa su preocupación sobre la resolución del Consejo de Derechos Humanos, en contra de la “difamación de las religiones”.

 

Reporteros sin Fronteras declara estar muy preocupada por la resolución votada en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el 25 de marzo de 2010, y que toma posición contra la “difamación de las religiones”. El texto fue presentado por la Organización de la Conferencia Islámica (OIC), bajo la batuta de Pakistán.

“Con el pretexto de velar por una mejor conciliación entre la libertad de expresión y la libertad de creencia, algunos Estados instauran un dispositivo que tiene como único objetivo el de prohibir cualquier crítica de las religiones, en particular del Islam”, declara Reporteros sin Fronteras. “Es un proceso peligroso que debemos detener. El respeto de la libertad de expresión es tan fundamental como el de la libertad de creencia. Uno no puede existir sin el otro”.

“Caricatura, libertad artística, derecho de opinión, todas las esferas de la vida intelectual que constituyen la libertad de expresión se hallan en peligro con tal resolución. Tiene como desafortunada consecuencia la de refrenar los intercambios en las propias religiones cuando estas invocan una necesidad de protección. ¿Acaso nos será posible entablar un debate de ideas dentro de una religión sin arriesgarnos a que nos condene por difamación el grupo dominante que intenta imponer sus opiniones?”.

“Varios miembros de la OIC brillan por su falta de respeto de la libertad de expresión y de democratización. Ya emplean leyes sobre la blasfemia con fines políticos, para prohibir cualquier debate contradictorio y asentar así su poder. Un periodista como Mohage Nasab tuvo que huir de Afganistán porque en su periódico Derecho de las mujeres, se atrevió a exigir que se detuvieran las lapidaciones. Veredicto: insulto al islam y pena capital. En muchos países, las autoridades reducen cualquier tipo de debate intelectual y social a un debate religioso, una manera práctica de prohibir cualquier punto de vista sobre la gestión del país o de impedir que se divulguen ideas sobre la evolución de las costumbres”.

“Este tipo de resolución les confiere más libertad a los Estados poco respetuosos de por sí con los derechos humanos para que sigan de esta manera con sus políticas discriminatorias hacia las minorías religiosas, los disidentes y los laicos. También se puede preguntar uno si algunas multinacionales no se verán tentadas de poner en marcha ciertas formas de censura previa para no estar en contradicción con una resolución internacional. En el pasado, ya vimos cómo grandes sociedades internacionales filtraban su contenido para no chafar sus mercados, tal como ocurrió con el asunto del dibujante Kroll, del que algunos dibujos fueron censurados por Apple con el que el dibujante tenía un acuerdo para una aplicación de Iphone”.

Finalmente Reporteros sin Fronteras sólo puede lamentar el aspecto político de la resolución fruto de la artimaña interna de las Naciones Unidas. Recuerda el peligro para los Estados miembros de instrumentalizar unas cuestiones tan sensibles para sus propias agendas: “hace ya varios años que algunos países del Consejo de Derechos Humanos impulsan la adopción de tal texto. Para ellos es un primer resultado. La organización seguirá vigilando de cerca en los próximos meses el proyecto de una segunda resolución susceptible de llevar a la elaboración de una herramienta internacional ejecutoria que prohibiría la difamación de las religiones”.

A Reporteros sin Fronteras le resulta preocupante el hecho de que una organización como el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas pierda su credibilidad: “mientras un país como Irán, que no tiene lecciones que dar a nadie en materia de derechos humanos, presenta su candidatura al Consejo y que de momento tiene todas las posibilidades de ser aceptado, la adopción de la resolución sobre la blasfemia suscita muchas preguntas en cuanto a la credibilidad de esta institución. Esperamos que el Consejo de Derechos Humanos no conozca el triste final de su antecesor, la Comisión de Derechos Humanos que, víctima de la política politicastra, se hundió en 2006”.

En diciembre de 2009, Irlanda adoptó una ley sobre la blasfemia, noción equívoca y que da pie a múltiples interpretaciones, que condena a una multa de 25.000 euros el delito de blasfemia. En Polonia y desde hace varios años, el código penal y la ley audiovisual imponen a los medios de comunicación polacos «el respeto de los valores cristianos». La ofensa al sentimiento religioso es condenable según su gravedad de una simple multa a una condena de dos años de cárcel.

      

  

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