La sillas de la vergüenza

23.12.2010 23:03
 

El pasado 10 de diciembre tuvo lugar en Estocolmo la entrega anual de los premios Nobel. Entre los galardones entregados este año a descollantes figuras mundiales de las letras y de las ciencias, destacó, en el ámbito de los derechos humanos, el Nobel de la paz 2010, otorgado al defensor de la libertad de expresión chino Liu Xiaobo. Cinco días más tarde, en Estrasbugo, se celebró en una ceremonia similar: la entrega del premio Sajarov del Parlamento Europeo, concedido este año al periodista cubano disidente, Guillermo Fariñas. Un chino y un cubano, dos esforzados luchadores por las libertades civiles y sociales, encarcelados en sus respectivos países por defenderlas.

 

En ambas ceremonias, publicadas por todos medios de comunicación mundiales menos los de Cuba y China, destacaba una imagen idéntica: sendas sillas vacías. Una, en Estocolmo, con el enmarcado galardón del Nobel, apoyado sobre el respaldo. Y otra, con el Sajarov en Estrasburgo, cubierta por la bandera cubana. El veto, la censura más férrea que se pueda imaginar cayó sobre los dos premiados que a pesar de miles de firmas recogidas en ambos hemisferios pidiendo que se les autorizara a ir a recoger sus premios, se les mantuvo en el mayor aislamiento. Xiaobo desde su celda y Fariñas, excarcelado en condiciones de salud muy precarias, desde su casa de Santa Clara, ni tan siquiera pudieron ver la ceremonia de la que ellos eran los protagonistas porque ambos países silenciaron todos los medios, incluso los digitales.

 

Xiaobao y Fariñas, ambos apadrinados por Reporteros sin Fronteras, fueron condenados a largas penas de cárcel por el “delito” de expresar su opinión en países con regímenes totalitarios que no permiten más línea de pensamiento que la que dicta el partido único, convertida en doctrina oficial del régimen. Fuera de esa línea no existe vida en libertad.

 

El presidente del Comité Nobel, Thorbjoern Jagland, habló sobre el símbolo de la silla vacía del prisionero de opinión chino más famoso: “un símbolo muy fuerte que demuestra bien que este premio era pertinente”.

 

Por su parte, el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, en la ceremonia de entrega del galardón destacó que "esta silla vacía demuestra cuán necesario es este premio que cada año homenajea a una figura defensora de los derechos humanos en el mundo”.

 

Dos sillas vacías que sin voz hablaban por sí mismas del silencio obligado, impuesto a quienes debieron ocuparlas. Una imagen que simbolizaba un grito de libertad para todos los perseguidos, agredidos, encarcelados, incluso asesinados por defender los valores naturales y universales de los que todo ser humano debería disfrutar por el sólo hecho de haber nacido. Todo ello en un año que se cierra con un balance de 57 periodistas muertos y 274 encarcelados en todo el mundo, entre profesionales de la comunicación y ciberdisidentes, en medio de una ofensiva generalizada a diversos niveles contra la libertad de prensa y los periodistas en el ejercicio de su trabajo.

 

¡Una vergüenza!

 

María Dolores Masana

Presidenta de Reporteros sin Fronteras