INFORME RSF #RespectPressCAT | 05/12 | Corresponsales en Bruselas: el otro frente de acción

13.10.2017 18:56

 

Las presiones propagandísticas, pero, sobre todo, la frecuente táctica de “señalar” al periodista para que sea linchado y acosado por “ciberhooligans” del independentismo no solo se libra en el “frente” de los corresponsales extranjeros en España, sino que se extiende a un “campo de batalla” del “procés” más alejado geográficamente: Bruselas. La posibilidad -reiteradamente defendida por representantes de diferentes instancias de la UE- de que Cataluña quede fuera de la Unión, tras una eventual independencia, es un tema espinoso para el Govern catalán, que en ocasiones afronta con la vieja técnica de “matar al mensajero”. Los corresponsales españoles en Bruselas, especialmente los catalanes o que escriben para medios catalanes, suelen ser blanco de las iras del Departamento de Comunicación Exterior de la Generalitat, cuando escriben “verdades incómodas” para el proceso independentista.

 

Muy recientemente, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se pronunció de forma ambigua sobre la posibilidad de que la UE respetase un “sí” a la independencia en un referéndum. Pese a que el propio Ejecutivo comunitario aclaró varias veces que Juncker no se refería al referéndum unilateral del 1 de octubre, sino a una hipotética consulta pactada con el Estado español, y pese a que reafirmó el compromiso de la UE con el Tribunal Constitucional, la oleada de interpretaciones a favor del “procés” ya estaba en marcha. Políticos del Gobierno de Junts Pel Sí, medios, opinadores y legiones de seguidores del independentismo en las RRSS celebraron el supuesto apoyo de Juncker a los resultados referéndum del 1 de octubre.

 


El día anterior, La Vanguardia había publicado una entrevista con Juncker de Beatriz Navarro, corresponsal del diario catalán en Bruselas. “Sobre Cataluña, lo que digan las Cortes y el Tribunal Constitucional”, titulaba la periodista, citando al presidente de la Comisión. La reacción del responsable de Comunicación Exterior de la Generalitat, Joan María Piqué, fue la de señalar a la corresponsal con un tuit lapidario: “Lo que dice y piensa Juncker es lo que Bea Navarro dice que dice y piensa Juncker”.

 

 

“Me señaló públicamente en Twitter a raíz de la polémica sobre los comentarios de Jean-Claude Juncker acerca de la independencia de Catalunya, que algunos interpretaron como un aval al referéndum del 1-O y sus resultados. El día anterior, había publicado en La Vanguardia la entrevista con Juncker más extensa y clara que jamás ha dado sobre el tema catalán y sus posiciones habían quedado muy claras (“Tenemos que escuchar al TC y a las Cortes sobre Catalunya”), todo lo contrario de lo que el independentismo sostiene que quiso decir el presidente de la CE. La confusión en torno a estas declaraciones de Juncker le dio la oportunidad de señalarme públicamente y poner en duda mi profesionalidad con un tema tan sensible como éste. He perdido la cuenta del número de réplicas recibidas, algunas insultantes”, explica a RSF Beatriz Navarro, quien destaca, en contraposición, el apoyo masivo recibido. “La reacción general de lectores, seguidores, compañeros de profesión y de mi propia empresa fue abrumadora”, añade.

 

Beatriz Navarro confirma lo delicado que es para los periodistas abordar el “tema catalán” en las redes sociales. “Tan pronto como tuiteas algún comentario o artículo, propio o de terceros, tienes a todo el mundo encima, a los seguidores del movimiento independentista (sobre todo) y a gente que está radicalmente en contra y que gasta el mismo tono desagradable. He recibido burlas e intentos de descalificarme como profesional, y sobre todo comentarios desagradables, pero nunca ha llegado al amedrentamiento. Si estás en Twitter o alguna otra red social, el diálogo con los lectores o seguidores forma parte del trato, pero siempre que se haga dentro de los cauces de la educación y el respeto”, comenta

.

La reacción indignada de la periodista fue secundada por numerosos compañeros de profesión en Bruselas, que vinieron a prestarle apoyo y algunos de los cuales recibieron reprimendas por parte del responsable de Comunicación Exterior del Govern catalán. Es el caso de Claudi Pérez, responsable de la delegación en Bruselas de El País.

 

 

“Joan Maria Piqué hizo un comentario despectivo sobre una crónica en la que explicaba la posición de Juncker sobre el referéndum catalán, que es clara: la Comisión aceptaría el resultado del referéndum si, y solo si, ese referéndum fuera legal; la Comisión acatará lo que digan el Constitucional y las Cortes, y, en todo caso, una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE. Mi interpretación tras una frase equívoca e interpretable de Juncker, es que había sido un desliz. Así lo escribí, después de hablar con varias fuentes de su equipo. En los días siguientes, dos vicepresidentes de la Comisión Europea confirmaron lo que yo había contado. Pero el comentario de Piqué, y no era la primera vez, bastó para que los ataques arreciaran. Ha pasado con otros compañeros en Bruselas. Y siempre con el mismo modus operandi”, explica Claudi Pérez.

 

“Usar las redes sociales conlleva aceptar los comentarios de los lectores. Los buenos y los malos. El problema aparece cuando los malos se convierten en desagradables y cuando una fuente oficial incita ese tipo de comentarios. Sin llegar a amedrentar, ese alud de respuestas, muchas veces rayanas en el insulto, dificultan mucho la labor periodística”, añade el corresponsal de El País en Bruselas y responsable de la delegación del diario en la capital comunitaria.

 

La mayoría de corresponsales recalca que también ha recibido numerosos ataques por parte de “trolls” anti-independentistas y de seguidores de la ultraderecha española, aunque coinciden casi mayoritariamente en que parecen estar menos organizados. “También he recibido insultos por ser una presunta francesa vendida al independentismo y he sido víctima de gestos amenazantes por parte de ultraderechistas en las manifestaciones del 12 de octubre en Barcelona, como otros compañeros”, subraya Elise Gazengel. “Desde mi experiencia, el movimiento independentista no es especialmente agresivo en las redes sociales, aunque es verdad que no soy muy activo en ellas”, opina Martin Tonner, corresponsal para el Sur de Europa del diario danés Berlingske.

 

“Sí tengo la impresión de que el seguimiento es muy cercano y muy organizado por parte del independentismo”, explica Julia Macher. Y en general, de que la presión para los periodistas catalanes y españoles es mucho mayor. Hasta el punto de que el término ‘equidistancia’ se ha convertido en una palabrota”, añade. Esta impresión parece ser compartida por todos los corresponsales que han hablado con RSF: todos coinciden en que quienes más sufren la furia del “ciberhooliganismo” independentista en las redes sociales y las presiones políticas e institucionales son los periodistas catalanes que trabajan para medios cuyas líneas editoriales no abogan por el soberanismo.

 

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