INFORME RSF #RespectPressCAT | 03/12 | Presiones del Govern

13.10.2017 18:58

 

Junto al ciberacoso en redes sociales, que los políticos independentistas y responsables de prensa “den toques”, “corrijan” o muestren excesivo interés en lo que se publica fuera sobre Cataluña es una de las principales quejas que esgrimen los corresponsales. “Es divertido que el jefe de relaciones públicas del Gobierno catalán y exjefe de prensa de Artur Mas piense que el lloriqueo diario sobre Ada Colau es una buena estrategia. ‘Trollearme’ en Twitter con cosas como ‘mira esta mierda que ha pasado en BCN’ no es la sofisticada comunicación política que esperaba de Junts pel Sí”, escribía el año pasado en Twitter el corresponsal de The Guardian, Dan Hancox, aparentemente harto de la propaganda que le llegaba desde el Departamento de Prensa de la Generalitat.

 

 

A principios del año pasado, el periodista de El País, Cristian Segura, recogió en un artículo las quejas de algunos corresponsales en España, molestos con lo que consideraban “presiones” del Govern catalán a la prensa extranjera, con el objetivo de que reprodujeran una imagen favorable del “procés”. Desde entonces, varios han compartido ese malestar con RSF España, así como el temor a ser “linchados” en redes sociales, si enfocan el tema independentista de un modo que no agrade ni al poder, ni a los “hooligans” del independentismo.

 

Elise Gazengel, corrobora las presiones propagandísticas que manifiestan sus colegas de profesión. “Desde el Departamento de Comunicación de la Generalitat percibo un trato absolutamente diferente si solicito algo como corresponsal de France2 o como colaboradora de un medio español. Llevo, por ejemplo, seis meses esperando a una entrevista con el ex president de la Generalitat Artur Mas para CTXT. Si pido algo para la tele francesa, el interés es muy diferente”, se lamenta.

 

No es la única corresponsal, como apuntaba el mencionado artículo de El País, que se bandea entre las presiones “entusiastas” del Govern y las presiones en negativo de los “haters” en las redes. “Hay una lista de whatsapp del responsable de Comunicación de la Generalitat para corresponsales y, en él, no solo se nos facilita información y convocatorias, como es normal, sino que recibimos ‘lecturas recomendadas’ de artículos favorables al “procés”, aclaraciones y hasta correcciones”, explica Elise Gazengel.

 

“Generalmente, el trato es profesional y cordial. No tengo la impresión de que reportajes más bien críticos que he publicado hayan tenido repercusión directa en mi relación a nivel institucional. Por parte de un representante institucional sí hay un afán propagandístico muy marcado, vía mensajes de Whatsapp, recomendando artículos y en algún caso incluso 'nomenclatura correcta' (por ejemplo, diferenciar bien entre policía catalana y la policía española). Lo observo con cierto asombro e intento que mi trabajo no se contamine por ello”, corrobora la corresponsal alemana en Barcelona Julia Macher.

 

“En 2015, sufrí ataques por parte de algunos altos cargos de la Generalitat o próximos a la Generalitat. Por expresar dudas sobre temas relacionados con la independencia o la acción del Govern, he sido criticado de forma desproporcionada. Básicamente, se te descalifica y señala. En ningún caso he recibido insultos ni amenazas. Pero esta forma de señalar en las RRSS es muy desagradable, porque estos altos cargos, son seguidos por miles de personas que luego te asaltan. Al tener cargos oficiales, sus comentarios funcionan como semáforos verdes para miles de ‘trolls’, que se sienten avalados para descalificar. No doy importancia a los ataques de ‘trolls’, pero sí que me preocupa y no he llevado bien los comentarios de gente con cargos públicos. No obstante, quiero remarcar que estos ataques venían de personas muy concretas, en ningún caso eran generalizados”, explica Henry de Laguérie.

 

En el caso de este corresponsal francés, como en el de Julia Macher o Elise Gazengel, se da una doble vulnerabilidad, que hace a los corresponsales más propicios a las presiones del poder: todos son “freelance” y todos están basados en Barcelona, por lo que deben bregar con aquellos de cuyas formas se quejan, a diario. Los corresponsales en Madrid (la inmensa mayoría) viven más distanciados del tema. “Aunque esto me ha permitido reflexionar sobre mi papel de periodista -las RRSS fomentan la producción infinita de opinión y yo soy un reportero, no un columnista u opinador- también admito que estos ataques se viven bastante mal porque al ser corresponsal “freelance”, estas bastante aislado y no tienes una redacción detrás que te defiende”, explica Henry de Laguérie. “En un momento dado, cuando realmente me sentí desprotegido, informé de la situación al consulado francés, para que tuviera conocimiento de las formas de ser de algunos personajes que supuestamente están pagados para ayudarte en tu trabajo”, confiesa.

 

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