ESPAÑA / ISRAEL | RSF condena la deportación de Israel de Mónica Leiva y pide al gobierno en funciones que interceda

02.06.2016 18:14

 

La reportera fue retenida 25 horas en el aeropuerto de Tel Aviv y repatriada a España sin  ninguna explicación

Otra periodista francesa ha sido expulsada de Israel con idéntico procedimiento

 

Reporteros Sin Fronteras condena la prohibición de entrada en Israel de la periodista española freelance Mónica Leiva, especialista en Oriente Próximo, así como su posterior deportación a España.

 

A principios de mayo, la periodista viajó a Israel para realizar una serie de reportajes con motivo del aniversario de la independencia del país, la Nakba y el centenario de la firma del acuerdo de Sykes-Picot. Mónica Leiva, socia de Reporteros Sin Fronteras, había enviado previamente a la Oficina de Prensa del Gobierno israelí toda la documentación necesaria, incluida una carta de recomendación de la Cadena SER, varios formularios debidamente cumplimentados, así como las tasas pagadas para la expedición a su llegada de la tarjeta de prensa, necesaria para informar desde Israel. Su acreditación fue aprobada sin problemas.

 

Cuando llegó al aeropuerto Ben Gurion, de Tel Aviv, en vuelo procedente de España, Leiva fue interceptada en el control de pasaportes por agentes de seguridad, que la acompañaron hasta una sala para interrogarle sobre el objetivo de su viaje y los contactos que tenía previsto establecer. La periodista respondió exhaustivamente a la ingente demanda de información que le requirieron los agentes, quienes pusieron especial énfasis en conocer el listado de personas palestinas a las que pretendía entrevistar para realizar su labor informativa.

 

“El trato fue el habitual: arrogante e intimidatorio”, afirma Mónica Leiva. “Ante mis reticencias a compartir los contactos de mis fuentes y mis datos personales en España, dijeron que no estaba obligada a proporcionar toda la información personal y profesional que me solicitaban, pero que no hacerlo podría tener consecuencias en su decisión”, añade.

 

La periodista estuvo retenida en la terminal de Ben Gurion seis horas aproximadamente, durante las cuales recabó frenéticamente todos los datos que le solicitaron los agentes, con llamadas a sus contactos en Israel, un país del que fue residente como corresponsal de la Cadena SER.  En ese tiempo, contactó también con compañeros de profesión en Israel, quienes avisaron al Consulado de España en Jerusalén, quien, a su vez, previno a la Embajada de España en Tel Aviv. Todas las gestiones consulares realizadas para tratar de establecer comunicación telefónica con las autoridades aeroportuarias para respaldar la identidad de Leiva fracasaron.

 

Finalmente, los agentes le tomaron fotografías y huellas dactilares y avisaron a la responsable de seguridad, quien comunicó a la periodista la decisión de las autoridades aeroportuarias: “En esta ocasión, el Estado de Israel no va a permitir su entrada en el país”. Mónica Leiva firmó un documento en inglés, que certificaba su deportación por “consideraciones de “prevención de inmigración ilegal, seguridad pública y orden público” (Prevention of illegal immigration considerations. Public security or public safety or public order considerations).

 

La periodista fue entonces conducida en furgón policial hasta las dependencias del Centro de Detención de Inmigrantes de Ben Gurion. Allí permaneció encerrada en una celda aislada de sus pertenencias, junto con otras ocho mujeres de diversas nacionalidades, hasta su deportación, que se produjo en un vuelo de Iberia, a las 25 horas de su llegada.

 

Tanto el Cónsul General Adjunto de España en Jerusalén, Isidro González, como el Cónsul en Tel Aviv, Manuel González Garagorri, estuvieron en contacto telefónico con Leiva en varias ocasiones. Ante la deportación de la periodista, la diplomacia española en Israel le transmitió su apoyo y sorpresa ante un hecho que jamás se había documentado antes y le comunicó que elevaría una queja formal al Gobierno israelí.

 

“Es habitual que Israel requiera información a los periodistas en sus entradas y salidas del país, que los interrogue durante horas y trate de minar su moral y coartar su libre movimiento, pero hasta donde sé, soy la única periodista española que ha sido deportada”, afirma Mónica Leiva.

 

“Desgraciadamente, las deportaciones de ciudadanos españoles desde Israel – profesores universitarios, clérigos, mujeres, jóvenes…-- es muy habitual. Es cierto que no existe reciprocidad con el trato que reciben los ciudadanos israelíes en nuestras fronteras pero, la verdad, me alegro de pertenecer a un país en el que no se rechaza a los visitantes en función de sus ideas o de a quién vienen a visitar o a causa de lo que desean cubrir o investigar”, añade.

 

Como suele ser habitual en las expulsiones por motivos de seguridad, a la periodista se le retiró el pasaporte, que fue entregado al sobrecargo de Iberia, quien lo entregó a la policía española de fronteras, tras aterrizar en Madrid.

 

“No sé aún porqué se me ha expulsado, ni lo que es peor, hasta cuándo tengo prohibida la entrada a un país con el que mantengo fuertes vínculos, donde he vivido durante años, me he casado y es fundamental para el desempeño de mi trabajo”, se lamenta Leiva. “Desafortunadamente, los periodistas freelance estamos cada vez más expuestos a la precariedad laboral, las deportaciones aleatorias y la falta de respaldo de los medios de comunicación y la diplomacia española”.

 

A su llegada a España, la periodista contactó con la Embajada de Israel en Madrid para dar cuenta de lo sucedido, pedir explicaciones y mostrar su total disposición a personarse y aclarar la situación. Los funcionarios israelíes que le atendieron se mostraron sorprendidos y dijeron haber solicitado información concreta a las diferentes agencias de seguridad e inteligencia de Israel, para tratar de obtener alguna aclaración.

 

Sin embargo, Mónica Leiva sigue, hasta la fecha, ignorando el motivo de su expulsión y si ésta es o no limitada en el tiempo. Para su sorpresa, ha confirmado con el Consulado español en Tel Aviv que finalmente la diplomacia española no ha elevado queja formal alguna ante el Gobierno israelí, tal y como mencionaron telefónicamente durante su retención. “Israel es un Estado soberano y tiene derecho a no admitir en su territorio a quien considere oportuno”, ha recibido como toda explicación, por parte de las autoridades consulares españolas.

 

“Pedimos al Ministro de Asuntos Exteriores, en funciones, que interceda sin dilación ante el Gobierno de Israel y que éste aclare a Mónica Leiva por qué se le ha deportado injustamente. Es urgente que la periodista conozca los motivos que han causado su expulsión del país y si ésta es puntual o tiene carácter indefinido, porque de ello depende su trabajo. Los países que, escudándose en su soberanía, deportan sin ningún fundamento a periodistas, que sólo pretenden realizar su trabajo, atentan abiertamente contra la libertad de información, mostrando poca calidad democrática”, afirma Malén Aznárez, presidenta de Reporteros Sin Fronteras-España, quien no comprende la inhibición del Ministerio de Asuntos Exteriores.

 

Periodista francesa también deportada

 

El caso de Mónica Leiva no es el único registrado recientemente en Europa. La periodista francesa Leïla Shahshahani sufrió, el pasado mes de marzo, una situación muy similar a la de su colega española, según denunció ella misma a Reporteros Sin Fronteras. 

 

El día 18, aterrizó en el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv, junto a un grupo de periodistas y touroperadores, para realizar un reportaje sobre “los senderos de Palestina”. Leïla Shahshahani no llegó a salir nunca del aeropuerto, en cuyo centro de detención pasó tres días y tres noches. Durante su proceso de expulsión, sufrió los mismos agravios que Mónica Leiva (interrogatorios exhaustivos, trato intimidatorio, traslado en furgón policial y arresto) y aún sigue pendiente de una aclaración por parte de las autoridades israelíes.

 

Mónica Leiva baraja varias hipótesis para estas deportaciones: “Tanto en el caso de la compañera francesa, como en el mío, los objetivos pueden ser varios: recabar datos sobre los palestinos a los que queríamos entrevistar, atemorizar a periodistas extranjeros residentes en Israel para que se autocensuren, o presionar a los medios extranjeros para que empleen a profesionales israelíes -de origen latino o francés- como corresponsales, que es la tendencia que viene aplicando Israel y que, desafortunadamente, la crisis económica y la decadencia de los medios de comunicación propicia”, concluye la periodista.

 

      

  

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