EGIPTO: Prensa y activistas, blanco de la represión

05.02.2011 21:32
 

Cambian los agentes agresores, los escenarios, los conflictos pero en cualquier país del mundo en donde el pueblo se manifieste contra poderes autócratas, déspotas y corruptos, los ojos y oídos de quienes pueden dar testimonio de la contundencia de la represión, molestan. Y consecuentemente, se les agrede, se les detiene, cuando no se les silencia para siempre.

 

Ocurrió en Tiananmen, Ocurrió en China en ocasión de los JJ.OO. de Pekín, ocurrió en Gaza durante la operación “Plomo fundido”, también, en la reciente revuelta de Túnez que desalojó del poder al presidente Ben Alí. Ocurrió y ocurre aún en Irak, en Pakistán, en México, en tantos lugares del mundo entero. Los periodistas, los fotógrafos, la prensa en general, termina siendo siempre blanco de la represión. Ahora, en Egipto.

 

 La emblemática Plaza Tahrir, cabe al Museo egipcio, y a la sede de la Liga Árabe, tomada por blindados del ejército y vigilada por helicópteros, es escenario de violencia diaria en El Cairo. Contra los manifestantes que únicamente piden que les liberen de la férrea dictadura que les ha mantenido durante más de tres decenios bajo un estado de excepción destinado a mantener sometida a una sociedad de ochenta millones de almas. Violencia contra la prensa extranjera que sólo intenta hacer su trabajo que es informar de un momento histórico para Egipto y para todo el mundo árabe, en tan geoestratégica zona del mundo, habitada por más de 300 millones de habitantes repartidos entre dos decenas largas de estados con intereses nada comunes. A veces, enfrentados.

 

Pero no sólo los profesionales de los medios de comunicación son objeto de persecución. También, activistas de diferentes organizaciones internacionales que trabajan en defensa de los derechos humanos. Esta semana, dos miembros del equipo  de investigación de Amnistía Internacional y otros de Human Rights Watch fueron detenidos por la policía en El Cairo, después de que el edificio donde se encontraban fuera tomado por la policía militar. Todos fueron conducidos a un lugar desconocido en El Cairo. Y no sólo eso. La policía irrumpe en los hoteles, asalta los taxis, en persecución de los periodistas. Seis reporteros del canal catalán, TV3 y dos de Telecinco, fueron llevados a la fuerza a una comisaría de El Cairo, hace pocos días. También profesionales de Al Jazeera, de la CNN, de la BBC, de TVE y de diversos medios de prensa escrita fueron agredidos. La consigna de las autoridades egipcias es silenciar la voz, velar las imágenes, ocultar la verdad de lo que allí está ocurriendo,  en lugar de concentrarse en garantizar el derecho de la población a manifestarse pacíficamente sin miedo a la violencia.
 

 Tras unos cuantos días en los que el régimen dejó que la sociedad egipcia se “desfogara”, por decirlo de alguna forma, el ejército recibió órdenes de decirle a la gente “se acabó la fiesta”, volved a vuestra vida cotidiana que “el mensaje ya ha llegado”. Ni revolución de los claveles, ni de terciopelo, ni de pana. En Oriente Medio es impensable una revolución sin violencia por parte quienes se aferran al líder, al déspota, al dictador. Y, desgraciadamente, a continuación, por aquellos que se apropian o capitalizan tales levantamientos populares para hacerse con el poder y aplicar sus propios postulados sin atender las demandas de libertad de quienes pagaron con sangre la protesta.

 

Reporteros sin Fronteras condena enérgicamente la violencia policíaca contra los periodistas detenidos, arrestados, agredidos por la política represiva desatada con el concurso de partidarios del “Rais” Mubarak. Es imposible saber el número exacto de profesionales afectados por la violencia policiaca por la razón de que muchos periodistas y fotógrafos aun cuando han sido agredidos prefieren permanecer en el anonimato ni decir para qué medios trabajan por miedo a represalias.

 

En palabras del Secretario General de la organización, Jean François Julliard. “El jefe del poder egipcio debe considerarse responsable de esta política de agresiones. Hacemos un llamamiento urgente a la comunidad internacional a reflexionar con vistas a adoptar una posición fuerte, unánime, y a sacar conclusiones de los incidentes de estos últimos días que hacen temer sanciones para los periodistas que cubren las manifestaciones”.

 

No hay lugar en el mundo en el que los periodistas no estorben. Y esto nos afecta a todos. No permanezcamos más como espectadores mudos ante la sustracción descarada del sagrado derecho de toda sociedad democrática a estar informada, real y puntualmente. Basta de agresiones. No más silenciar al periodista. ¡Reaccionen gobiernos del mundo! ¡ Respeten y hagan respetar a los profesionales de la información en el ejercicio de su trabajo!

 

María Dolores Masana

Presidenta de Reporteros sin Fronteras