Cruzar la línea roja

16.02.2015 17:48
[Publicado en el Informe Anual 2014 de RSF]
 
El periodista estadounidense James Foley y el bloguero saudí Raef Badawi, pueden personalizar bien la sinrazón y extrema violencia con que fue golpeado el periodismo en el mundo durante 2014. El primero, conocido y acreditado corresponsal de guerra, fue secuestrado en Siria por yihadistas del Estado Islámico (EI) y degollado ante las cámaras en un alarde de propaganda radical islamista, en el que se aunaba el horror medieval con las más modernas tecnologías de la comunicación. Al bloguero Raef Badawi, condenado en Arabia Saudí a 10 años de cárcel por “insultar al islam” en su web, en la que difundía “ideas liberales”, se le sumó una pena de 1.000 latigazos en una plaza pública, a recibir en cómodos plazos de 50 semanales. Tras la primera flagelación, en un viernes de oración, no le pudieron aplicar la segunda dado su maltrecho estado físico. 
 
James Foley quedará ya siempre unido al conflicto de Siria, donde 15 periodistas fueron asesinados y al menos 27 secuestrados a lo largo del año. Rehenes capturados en su mayoría por el Estado Islámico y en algunos casos asesinados brutalmente, lo que ha supuesto cruzar una línea roja bélico- informativa con enormes repercusiones para el reporterismo de guerra. Siria, se repite, se ha convertido en un “agujero negro” informativo, un escenario desolador en el que la información ha sido prácticamente sustituida por la propaganda. Medios cerrados, periodistas asesinados, secuestrados, amenazados, perseguidos o censurados por radicales de diverso signo. Las consecuencias ante los enormes riesgos de este escenario son evidentes: los grandes medios de comunicación internacionales han dejado de enviar a sus corresponsales de guerra, hasta no hace mucho envidia y modelo de cualquier estudiante de periodismo; los freelances casi han desaparecido del terreno; y los periodistas locales, siempre los más castigados, no pueden trabajar directamente si no quieren arriesgarse a ser decapitados, ellos o sus familias. La autocensura es total.
 
Un caos mediático, el de Siria, convertido en un precedente seguido muy de cerca por Irak, donde el grupo terrorista EI fue también imponiendo un clima de terror informativo a medida que iba conquistando ciudades del norte de país. Ninguna información que no sea la de su propaganda está permitida, a riesgo de morir. Siria e Irak han seguido siendo para RSF los dos territorios del mundo más mortíferos para los periodistas en 2014. 
 
El “modelo sirio”, la utilización de los periodistas como arma de guerra, ha cundido velozmente: 119 informadores fueron secuestrados frente a 87 el año anterior. Y fueron nuevas zonas en conflicto, como Ucrania o Libia, las que se disputaron el mayor número de rehenes: 33 y 29 secuestrados, respectivamente. Aunque un hecho significativo es que, a diferencia de Siria, en la mayoría de los casos los rehenes estuvieron retenidos durante horas, o días, antes de ser puestos en libertad. Lo que al parecer no les libró de sufrir torturas y malos tratos por parte de los distintos grupos armados o milicias combatientes. 
 
Por cierto, el este de Ucrania y el este de Libia fueron dos de las cinco zonas consideradas por RSF como las más peligrosas del mundo para ejercer el periodismo. Las regiones ucranianas de Donestsk y Lugansk, en manos de independentistas, protagonizaron desde el inicio del conflicto armado, a comienzos de 2014, ataques de todo tipo a la libertad de información. Los combates costaron la vida a seis informadores, al tiempo que el cierre de medios de comunicación o televisiones tomadas al asalto, las detenciones arbitrarias de periodistas y las amenazas de todo tipo, procedentes de grupos armados no identificados, aumentaban en paralelo al incremento de la violencia en los frentes. 
 
El bloguero saudí Raef Badawi es modelo de otro tipo de ataque a la libertad de información venido de la mano de las nuevas tecnologías: el de los internautas, en aumento, detenidos y encarcelados en diferentes países por contar cosas que no les gustan a sus gobiernos. Y son países árabes como Arabia Saudí o Bahréin los que les condenan a penas que incluso pueden conllevar la muerte, más allá de las altas penas de prisión o de latigazos en plazas públicas, por “insultar al islam”, “insultos al rey” o “mala manipulación de las tecnologías de la información”. Internautas que arriesgan sus vidas y que engrosaron considerablemente las cifras de asesinados (19), encarcelados (178), exiliados (20) o detenidos (122). Una clara muestra de cómo se han sumado a los informadores reprimidos por documentar descontentos populares, hablar del islam o de las monarquías correspondientes en sus países. 
 
Olvidada la primavera árabe, Libia y Egipto, países que protagonizaron entonces tantas esperanzas, ofrecieron durante el año un panorama de retroceso informativo francamente preocupante. En Libia, hundida en un caos institucional en el que las milicias rivales libran una guerra a muerte por el poder, los periodistas, además de secuestros, enfrentaron amenazas del tipo de “te vamos a cortar los dedos si sigues escribiendo”. Por su parte, Presidente Al Sissi ha establecido en Egipto, con el apoyo del Ejército, un régimen represor de la libertad de información que poco tiene que envidiar al del dictador Mubarak. Egipto se convirtió en el segundo país del mundo con más periodistas detenidos: 46; y ocupó igual lugar en el número de periodistas encarcelados: 16. Estos últimos acusados de pertenecer a los Hermanos Musulmanes, entre ellos varios de la cadena televisiva catarí Al Jazzera. 
 
Aunque el número de periodistas asesinados descendió ligeramente con respecto al año anterior - 66 -, no deja de sorprender que Palestina, sin una guerra enquistada, se convirtiera en la segunda zona del mundo con más informadores asesinados. La operación de Israel contra Gaza, “Margen Protector”, se saldó con la muerte de al menos nueve informadores mientras trabajaban. El ejército israelí no dudo en detenerlos, e incluso disparar a matar, a los informadores para impedirles realizar su trabajo, llegando a bombardear algunos de sus centros de trabajo. Muchos periodistas fueron heridos durante el conflicto, el más duro tributo de los profesionales de la información en la zona desde 2005. 
 
Finalmente, las periodistas también pagaron su tributo de vidas con un aumento del 100% respecto al año anterior. Y aunque las asesinadas, seis, fueran muchas menos que sus colegas varones, más numerosos en los conflictos, su trabajo en países como República Centroafricana, Irak, Egipto, Afganistán y México les pasó factura. En este último país, México, que sigue siendo uno de los países más mortíferos del mundo para hacer información, a asesinada fue una bloguera secuestrada por hombres armados en Tamaulipas. Los asesinos difundieron su foto ya muerta en Twiter. 
 
Un brutal y triste panorama el de 2014. 
 
 
Malén Aznárez
Presidenta de Reporteros Sin Fronteras - España

 

      

  

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