Corea del Norte | Kim Jong-il, Presidente de Corea del Norte

03.05.2011 00:00

 

 

 

Víctima de un ataque cerebral en 2008, el tirano de Pyongyang aparece con menor frecuencia en público y prepara a su hijo menor, Kim Jong-un, para que le remplace. En septiembre de 2010, éste fue nombrado sucesivamente en el Comité Nacional de Defensa, general cuatro estrellas y Vicepresidente de la Comisión Central Militar.

 

Kim Jong-il y su círculo familiar siguen manteniendo a los norcoreanos en un aislamiento terrible. El régimen totalitario que dirige Kim Jong-il desde 1994, tras la muerte de su padre, Kim Il-sung, el "presidente eterno", también llamado “Sol eterno de la humanidad”, combatió el uso “ilegal” de los escasos teléfonos móviles.

 

Como en ninguna otra parte del mundo, los medios de comunicación norcoreanos son el principal instrumento para rendir culto a la personalidad de Kim Jong-il, de su padre, Kim Il-sung, y posiblemente dentro de poco de su hijo, como "héroes del socialismo". Kim Jong-il prohibió a los medios de comunicación debatir sobre la hambruna que mató a millones de personas en los años 90.

 

Todos los días las actividades del “querido líder”, su padre o sus hijos, aparecen al inicio de los noticieros televisivos y en la primera página de los periódicos. Un error ortográfico en su nombre puede llevar a su autor a uno de los campos de reeducación ideológica instalados en el país.

 

Desde 2008 Kim Jong-il ordenó a las fuerzas de seguridad que impidieran la entrada al territorio norcoreano de vídeos, publicaciones, teléfonos, ordenadores y CDS extranjeros provenientes de China. Varias personas fueron ejecutadas por haber utilizado un teléfono móvil sin autorización.

 

A otras, las enviaron a campos de concentración donde están detenidos al menos 150.000 norcoreanos en condiciones muy duras, en ocasiones por el simple hecho de haber escuchado una estación de radio extranjera. En uno de estos campos se encontraría el militar que en 2006 logró transmitir a Japón imágenes de una ejecución pública.

 

Kim Jong-il tiene otra obsesión: las radios independientes e internacionales que transmiten programas destinados a la población. Los medios de comunicación de Pyongyang están encargados de amenazarlas regularmente, mientras que la policía política persigue a quienes las escuchan a escondidas.

 

Se estableció una regulación muy estricta de las radios. Los norcoreanos deben obtener una autorización especial para poseer una radio y ésta sólo puede sintonizar las frecuencias oficiales. No obstante, algunas radios independientes logran sortear las barreras de la censura, como: Radio Free Chosun, Open Radio North Korea y Radio Free North Korea.

 

 

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