COLOMBIA | RSF pide avances en la investigación del allanamiento del domicilio del periodista Javier Osuna Sarmiento‬

03.09.2014 19:52
Reporteros Sin Fronteras pide al gobierno y a las autoridades colombianas que fortalezcan la investigación que lleve a la sanción de los responsables del allanamiento, el 22 de agosto, del domicilio del periodista Javier Osuna Sarmiento. RSF solicita igualmente medidas de protección complementarias a la justicia para garantizar la libertad de información.
 
El ataque al domicilio de Osuna Sarmiento por parte de varios individuos, que prendieron fuego al material profesional fruto de más de año y medio de investigación, se produce en el contexto de violencia que tiene lugar en el departamento Norte de Santander, donde continúa la presencia de los grupos paramilitares y no disminuye la presión bajo que la que se ejerce el periodismo.
 
Javier Osuna Sarmiento estaba investigando sobre las víctimas de los paramilitares en el Norte de Santander cuando sufrió el ataque a su domicilio. El periodista se volvió blanco de individuos que actúan como depredadores de la libertad de información, como ya le ha ocurrido a otros compañeros de profesión que indagan sobre los hechos acaecidos en la región y en el departamento. Por ejemplo Renson Said Sepúlveda, amenazado de muerte en 2013, o Jairo Jacomé, intimidado por ex-comandantes paramilitares, ambos vinculados al periódico La Opinión de Cúcuta. Todos ellos tratan temas sensibles sensibles de la zona, y han interpuesto denuncias ante las autoridades. Pese a contar con algunas medidas de protección su situación de riesgo continúa.
 
A continuación la carta escrita por Javier Osuna Sarmiento, publicada por Reporteros Sin Fronteras, sobre las dificultades de ser periodista en Colombia, y la importancia de valorar este oficio. 
 
Bogotá, 3 de septiembre de 2014
CARTA ABIERTA A LA OPINIÓN PÚBLICA
Mi nombre es Javier Osuna Sarmiento. Soy periodista y amo este oficio; oficio que dejaré de ejercer de viejo, no de miedo.
 
Escribo esta carta abierta a la opinión publica porque el pasado 22 de agosto desconocidos ingresaron a mi domicilio en Bogotá e incineraron mis dos computadores (portátil y de escritorio) en los que existía evidencia de mi próxima tesis de maestría, un libro periodistco llamado “Me hablarás del fuego”: un texto escrito en homenaje a la memoria de los desparecidos de los hornos crematorios de los paramilitares en Norte de Santander.
 
El incendio se produjo apenas tres días después de mi regreso de un viaje a la ciudad de Cúcuta, donde me reuní con víctimas que, además de haber perdido a sus seres queridos, continúan siendo amenazadas en el proceso de la la Ley de Justicia y Paz.
 
En el momento mi situación de seguridad es incierta. Las autoridades vinieron a investigar la escena del crimen después de diez días. Hoy, el centro cibernético policial de la Dijin (Dirección de Investigación Criminal e Interpol) pidió acelerar el estudio de riesgo. La UNP (Unión de Protección Nacional) me asignó medidas de protección temporales que espero sean implementadas en un corto tiempo, un par de días. Pero es posible que la medidas definitivas de protección podrían tardar hasta 3 meses en caso de ser aprobadas.
 
Insto a las autoridades a valorar la seguridad de las personas vinculadas a la investigación, incluso mis fuentes. La capacidad de acción y daño de los autores de este hecho debe ser debidamente valorada: conocían mis movimientos e ingresaron a mi domicilio en una ciudad diferente a la que realicé las entrevistas (como ya ocurrió con otros comunicadores de la La Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos ASFADDES en 2010). Invito a la sociedad en general a valorar este oficio que, como yo, cientos de periodistas regionales realizan poniendo en riesgo su vida en contextos de violencia.
 
No dejaré de hacer mi trabajo, como miles de personas en nuestro país, que soportan diariamente el flagelo de la violencia. Me siento profundamente orgulloso del camino que he trazado con mis manos, acompañando por la valentía de cientos de víctimas que siguen luchando por sus derechos en medio del conflicto.
 
“Ni pena, ni miedo” dijo el poeta Rául Zurita en plena dicatudra de Pinochet en Chile, lo cavó en el desierto de Atacama para que sólo pudiera verse desde arriba sobrevolando en helicóptero, como las líneas de Nasca en Perú. Pues bien, no tengo, “ni pena, ni miedo”, en exigir un país mejor para las victimas del cobarde crimen de la desaparición forzada, “ni pena, ni miedo” de exigir a las autoridades que cumplan con sus funciones.
Agradezco a las instituciones nacionales e internacionales que intentan ayudarme, entre ellas la la FLIP, Reporteros Sin Fronteras y ASFADDES, quienes han manifestado su solidaridad desde el momento mismo del incendio. Envío un abrazo fraterno a las víctimas de desaparición forzada en nuestro país con la promesa de continuar aportando a la causa de sus seres queridos.
 
Cordial Saludo,
Javier Osuna

      

  

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