AFGANISTAN | RSF pide compromisos a los participantes de la conferencia de Bonn

28.11.2011 21:07

Reporteros Sin Fronteras y varias organizaciones afganas hacen un llamamiento a los miembros de la Conferencia de Bonn, que se celebrará el próximo 5 de diciembre, para que apoyen la libertad de expresión e información.

Una década después del derrocamiento del régimen talibán, los sindicatos de periodistas y las organizaciones que apoyan los medios de comunicación independientes en Afganistán, se suman a Reporteros Sin Fronteras en un llamamiento al gobierno de Kabul y a los diplomáticos internacionales que asisten a la conferencia, el próximo mes, para que demuestren un claro compromiso con la libertad de expresión e información.

Afganistán nunca ha tenido tantos medios de comunicación, con 200 medios impresos, 44 canales de televisión, 141 estaciones de radio y, porlo menos, ocho agencias de noticias. Sin embargo, en la última década, el país ha sido testigo de una creciente violencia contra los periodistas y las organizaciones de comunicación.

Las cifras que manejan los sindicatos, lsd organizaciones que apoyan los medios de comunicación y Reporteros Sin Fronteras, registran cientos de casos de violencia contra periodistas entre 2001 y 2011. La cifra más alta - 85 - se alcanzó en 2009, la mayoría de ellos en las provincias de Kabul, Herat y Helmand.

Algunas de las provincias del sur y del este del país son zonas prohibidas para los periodistas, donde los talibanes controlan y restringen la actividad periodística.

La experiencia de los últimos 10 años ha demostrado que sin una prensa libre y sin un clima en el que los periodistas puedan realizar su trabajo con seguridad, no se puede protegerla paz, la seguridad y la libertad.

El país nunca había tenido tanto acceso gratuito a la información creada por los afganos para los afganos. Sin embargo, estos logros están en peligro todos los días.

Actualmente muchos altos cargos del gobierno quieren abolir el derecho a la libertad de expresión garantizado por la Constitución del país.

Falta transparencia en los esfuerzos para lograr la paz, hay conversaciones secretas con súper poderes y se ocultan los resultados de las negociaciones a la población. Unas actividades que cuestionan el desarrollo de un futuro con democracia y libertad. los verdaderos pilares de una paz duradera, que no sean substituidos por beneficios a corto plazo alcanzados en conversaciones a puerta cerrada.  

Los medios de comunicación están bajo una seria amenaza, no sólo de los talibanes, que están a punto de recuperar el poder tras los errores estratégicos de las fuerzas militares internacionales y la corrupción y la incompetencia del gobierno, sino también de funcionarios del gobierno local y nacional, y de algunos clérigos islamistas con vínculos con el gobierno.

Preocupa el silencio del presidente Hamid Karzai ante la violación de la libertad de expresión por parte de las autoridades y de algunas organizaciones.  

Una preocupación cada vez más latente desde que Karzai prefiere escuchar las opiniones y los consejos de los fundamentalistas y de todos aquellos que que no creen en la libertad de expresión y de información, en lugar de escuchar a los sindicatos de periodistas y a los medios de comunicación.

Esta situación lleva a creer lleva a creer que la situación, amordazada, de la prensa libre de Afganistán forma parte de un plan orquestado para el regreso al poder de los talibanes.

Reporteros Sin Fronteras y las organizaciones que apuestan por una prensa libre y plural, creen que la paz y la convivencia sólo se logrará con la plena participación de la sociedad. En la última década, las decisiones burocráticas y los esfuerzos se han llevado a cabo en desafío de las personas como consecuencia de las restricciones a la libertad de prensa.

¿Cómo pueden ser combatidas la corrupción con eficacia, la creciente pobreza, la prostitución y el soborno, sin que se mantenga informada a la población?

La censura y la autocensura impuestas por los talibanes, los señores de la guerra, los traficantes de drogas y las instituciones gubernamentales han llevado a la situación actual.

En los últimos 10 años, los medios de comunicación independientes no han tenido éxito en lograr cambiar el sistema. Habría sido más eficaz y menos costoso haberle dado a los medios de comunicación la oportunidad de combatir la corrupción, el poder de los señores de la guerra y el tráfico de drogas, y haberles dejado defender el estado de derecho, la reforma del sistema judicial y el buen gobierno. Todavía no es demasiado tarde.

El uso de la violencia y las cortapisas ilegales, así como la constante amenaza de ser tildados de herejes, han sido las principales armas utilizadas contra los periodistas en los últimos tiempos. Como organizaciones que apoyan a los periodistas y a los medios de comunicación en Afganistán, instamos a las autoridades a que pongan fin al acoso y a la discriminación de los periodistas por creencias religiosas o pertenencia a una raza o tribu.

En la última década, los periodistas afganos han pagado un precio muy elevado por sus actividades. Dieciséis han sido asesinados y, hasta la fecha, nadie ha sido juzgado por esos crímenes.  

Todavía no se ha identificado a los asesinos de Zakia Zaki, el dueño de la emisora Radio Peace, del periodista de la BBC, Abdul Samad Rohani, quien también trabajaba para la agencia de noticias afgana Pajhwok, y Jawed Ahmad, un periodista independiente que trabajaba para la red canadiense CTV.

El fracaso de la policía afgana y las autoridades judiciales para detener y castigar a los responsables de estos asesinatos pone en duda la capacidad del gobierno de Kabul de respetar el Estado de Derecho.

Sultan Muhammad Munadi y Omid Ahmad Khpalwak fueron asesinados por las fuerzas internacionales. Aunque la fuerza internacional liderada por la OTAN admitió su responsabilidad por la muerte Khpalwak, el ejército británico y el Ministerio del Interior afgano no han revelado aún los resultados de su investigación sobre la muerte de Munadi, muerto a tiros cuando se le intentaba rescatar, a él y a un periodista británico, de los talibanes que los tenían como rehenes. Salvaguardar la vida de los periodistas es responsabilidad de ambas partes en un conflicto.

La impunidad de los que ejercen la violencia contra las periodistas, alienta a los que la siguen jerciendo. En los últimos años, las mujeres periodistas se han convertido cada vez más el blanco de amenazas por parte de varias organizaciones, en particular los talibanes.

En las ciudades de Kunduz y Ghazni, los talibanes amenazaron a las periodistas y echaron a y consiguieron apartar a las mujeres propietarias de medios de comunicación. En Kabul, las fuerzas de seguridad han golpeado en varias ocasiones a las periodistas mientras ejercían su profesión. Muchas han sido forzados a abandonar sus trabajos por la presión social y la inseguridad.

Muchos grupos religiosos ejercen la violencia contra los periodistas, con el beneplácito de las autoridades afganas. El Consejo de los Ulemas, por ejemplo, ha culpado a los periodistas y a los medios de comunicación de la violencia presente en el país, en lugar de culpar a los talibanes, a los terroristas, a los señores de la guerra y a los narcotraficantes.

Algunos funcionarios provinciales amenazan a los medios de comunicación todos los días. En lugar de proteger a los periodistas, las fuerzas de seguridad los detienen sin autorización y los acusan de espionaje.

La propaganda talibán cada vez está más presente, retransmitida por algunos señores de la guerra y países como Pakistán e Irán, cuyo control de algunos medios de comunicación les permite interferir en los asuntos internos de Afganistán. Los medios de comunicación independientes están rodeados frente a los talibanes y los funcionarios corruptos del gobierno.  

La Constitución y la ley de medios garantizan la libertad de prensa, pero la legislación no se aplica por razones políticas. La ley debe completarse y aplicarse sin demora. Los medios de comunicación propiedad públicos deben estar a salvo de la interferencia gubernamental y debe velarse por su independencia. Las autoridades gubernamentales deben respetar el derecho a la libertad de información y priorizar una ley para facilitar el acceso a la información.

En la última década, Afganistán ha dejado de aprovechar varias oportunidades históricas. Algunos analistas ya predecían una derrota en Afganistán. La lucha está teniendo lugar, no sólo en la primera línea y en zonas de conflicto, sino en la batalla diaria del pueblo afgano  por la paz y contra la guerra. Tienen el derecho a estar informados.  


Los organizadores de la conferencia y los participantes, así como la comunidad internacional, deben comprometerse expresamente a proteger la libertad, la democracia y los derechos de los afganos.

La libertad de expresión, la emancipación de la mujer y el respeto a los derechos humanos son los principales retos en Afganistán. Hay que tener en cuenta que la paz no se puede restaurar sin la libertad y la democracia.