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La Red, ante los nuevos inquisidores

| Por María Dolores Masana, presidenta de Reporteros sin Fronteras |

 

De un tiempo a esta parte, leemos repetidamente en diversos medios, una palabra todavía no incluida en el Diccionario de la Real Academia Española: ciberdisidente. Este vocablo, de cuño actual, lo usamos cuando nos referimos a una persona que utiliza la gran ventana al mundo que es Internet para expresar ideas u opiniones contrarias a las establecidas como políticamente correctas por gobiernos autócratas del signo que sean, o para dar noticia de agresiones, abusos, hasta crímenes que los poderes hurtan a la opinión pública. Cabe destacar que en la mayoría de los casos, el precio a pagar por tales desafíos, es la libertad personal.

 

En este momento, 119 ciberdisidentes se hallan encarcelados en todo el mundo, llevándose la palma China con cerca de 77 “presos digitales de opinión”, seguida de Vietnam e Irán. También Corea del Norte, Siria, Birmania y tantos otros países en los cuales la libertad de expresión y por ende, también la libertad de prensa, están sometidas a sistemáticas agresiones.

 

Sobra recordar lo que está ocurriendo en los países árabe-islámicos, en los tres últimos meses, a raíz de las revueltas populares contra regimenes opresores y corruptos. Al “blockout” o silencio informativo, tradicionalmente impuesto a los profesionales de los medios de comunicación bien sea negando visados de entrada o retirándolos, bien sea expulsando a los corresponsales extranjeros, se suma ahora el acoso a Internet, mucho más difícil de controlar pese a las “brigadas de ciberpolicías” puestas en pie por los depredadores de la Red. Durante los JJ.OO. de Pekín, una decena de oficinas de profesionales especializados en Internet se dedicaron a controlar contenidos del correo digital, a bloquear websites, a ralentizar, a cortar líneas telefónicas...

 

También ocurrió en Gaza con la “Operación Plomo fundido” de Israel. Se negó la entrada a la prensa extranjera, se cerró el espacio informativo pero gracias a Internet, las redes sociales de la juventud reemplazaron el trabajo de los profesionales de la comunicación. Ya no sirven los medios tradicionales de censura usados en siglos pasados. Es en este sentido que, en adelante, podemos hablar de Internet como la formidable abanderada de las revoluciones de hoy en día.

 

El caso del flamante Nobel de la Paz, el ciberdisidente chino Liu Xiaobo, condenado a once años de cárcel por su combate pacifista a favor de la democracia en su país, es paradigmático respecto a un fenómeno que se está demostrando imparable impulsor de protestas y aún de revoluciones, a través de redes sociales, blogs, chats…

 

Actualmente, los regímenes dictatoriales temen más a la “red de redes” que a una columna de blindados. Aquella famosa pregunta de Stalin refiriéndose al peligro que para el comunismo podía suponer el Papa de Roma: ¿Cuántas divisiones acorazadas tiene El Vaticano?”, podría aplicarse al caso que nos ocupa porque en el nuevo mundo que, a diversos niveles se está configurando en este primer cuarto del siglo XXI, puede que no se precisen acorazados para acabar con las tiranías. Puede que sean “divisiones informáticas” las que decidan el futuro de los pueblos oprimidos. 

 

Pero el acoso a un medio de comunicación tan potente como es Internet no sólo ocurre en los países antes mencionados. También tiene lugar en nuestro entorno más inmediato. Pese a las repetidas demandas que Reporteros sin Fronteras ha presentado ante las más altas instancias internacionales pidiendo que se declare el Principio de neutralidad en la NET, ni las Naciones Unidas ni la Unión Europea se han pronunciado al respecto. Al contrario su pasividad da vuelos a las más peligrosas iniciativas de diferentes gobiernos occidentales. El tema Internet se halla en la agenda de las próximas reuniones del G-20 pero no con miras a proteger la libertad de expresión, sino los derechos de autor.

 

Varios países europeos ya han puesto en marcha legislaciones tendentes a intervenir las comunicaciones llegando incluso a suspender el acceso a la Red de cualquier internauta, sospechoso de descargas ilegales. Francia, pionera en este campo, seguida de Gran Bretaña, Italia y otros países comunitarios.

 

En España acaba de entrar en vigor la polémica Ley Sinde que se empezará a aplicar este verano. Bajo el argumento de luchar contra las descargas “piratas” de Internet, la Ley de Economía Sostenible concede a los jueces la potestad de cerrar “websites” que consideren ilegales. Una comisión dependiente del Ministerio de Cultura será la encargada de vigilar las infracciones contra la propiedad intelectual lo que en la práctica y dada la lentitud de nuestra justicia puede dar lugar a que actúe como una instancia censora.

 

En resumen, los gobiernos de las grandes democracias se muestran cada vez más inclinados a regular los contenidos digitales ya sea a través de los propios servidores o de una orden judicial en detrimento del principio de neutralidad en Internet. Ante tal estado de indefensión, Reporteros sin Fronteras, en este 12 de marzo, Día Mundial contra la Censura en Internet, pide formalmente a las Naciones Unidas que declaren el acceso a la Red como un derecho humano fundamental.

 

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