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Primavera árabe: ¿apogeo de la Web?

 

El año 2010 vio la consagración de las redes sociales y del papel de la Web como instrumento de movilización y de difusión de información. 250 millones de usuarios se unieron a Facebook en 2010. Al final del año, la red social contaba con 600 millones de miembros. 175 millones de personas utilizaban Twitter en septiembre de 2010, es decir, 100 millones más que el año anterior.

 

Los medios de comunicación occidentales elogiaron Internet y su papel “libertador” durante la revolución iraní de 2009. Según The New York Times, los manifestantes “disparaban tweets” frente a las balas. Sin embargo, Twitter fue utilizado sobre todo por la diáspora. La tesis de Evgeny Morozov, experto en Internet, desarrollada en su libro epónimo ‘The Net Delusion’, pone en duda el papel de Internet como herramienta de democratización. Es verdad que Internet es utilizada por los disidentes, pero también por las autoridades para difundir la propaganda oficial y reforzar la vigilancia y el control de la población.

 

Internet es ante todo un instrumento, empleado para lo mejor y para lo peor. En los países más divididos, crea un espacio de libertad que no existiría de otra manera. Su potencial de difusión de información irrita a los dictadores y vuelve ineficaces los métodos tradicionales de censura. Así, algunos regímenes se dotan de recursos para vigilar a los disidentes, especialmente vía Facebook y Twitter, e infiltrarse en sus redes.

 

Los términos “revolución Twitter” y “revolución Facebook” se pusieron de moda gracias a los acontecimientos que marcaron al mundo árabe a finales del año 2010 e inicios del 2011. Los movimientos “online” se combinaron con las manifestaciones “fuera de línea”, precipitando la caída de los dictadores. Las revoluciones tunecina y egipcia revelaron ser, ante todo, revoluciones humanas, impulsadas por Internet y las redes sociales.

 

Facebook y Twitter funcionaron como una caja de resonancia, transmitiendo y amplificando las frustraciones y reivindicaciones de los manifestantes. También permitieron al resto del mundo seguir en directo los acontecimientos, pese a la censura. El papel de los teléfonos móviles fue crucial en este contexto. Los periodistas ciudadanos alimentaron con imágenes los sitios donde se comparten fotos, videos, así como los sitios de streaming.

 

Las autoridades tunecinas impusieron un silencio mediático sobre los acontecimientos de Sidi Bouzid. Los medios de comunicación “tradicionales”, que no hablaban de los movimientos de protesta que comenzaban a sacudir el país, fueron remplazados, en su rol de fuente y vector de la información, por las redes sociales y los sitios web informativos, como Nawaat.org. Facebook sirvió de plataforma para que los internautas enviaran regularmente comentarios, fotos y videos. El sitio de streaming Bambuser.com también conoció su momento de gloria. Todos podían seguir los acontecimientos en directo. Los llamados a manifestarse en la Web se propagaron en otros países: Egipto, Libia, Yemen, Bahréin, Omán, Siria, Irak, Marruecos, incluso en China y Vietnam, entre otros.

 

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